La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

23 enero, 2016

Kilo y medio de paciencia

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 10:32

clip_image0021. El lunes pasado fue, dicen, el día más triste del año. El blue monday fue triste y largo. Un long monday, un sad monday (peaje de bilingüismo) que empezó teniendo que escuchar una serie de tópicos tan manidos como erróneos. Que después de treinta y seis años, cuatro meses, diecisiete días, tres horas y diez minutos de ejercer esta profesión venga alguien, con su correspondiente titulación, a decirte (decirnos) que por normativa legal los maestros estamos obligados a atender a la diversidad (entendiendo por diversidad los alumnos con dificultades de aprendizaje), que en nuestra paga entra esa atención, que no podemos aspirar a tener una clase de veinticinco superdotados… resulta de una simpleza atorrante.

Nadie tiene que explicarme mis obligaciones profesionales. Sé que en mi paga (y en mi conciencia profesional) va el atender a la diversidad de alumnos. Lo tengo tan nítido como el que esa diversidad es consecuencia del conjunto de los alumnos de mi clase. Y en ese conjunto entran los alumnos que presentan dificultades de aprendizaje diagnosticadas, los que presentan dificultades de aprendizaje no diagnosticadas, los que no presentan dificultades de aprendizaje y los que presentan características de altas capacidades (superdotados). Eso es la diversidad: cualidad de diverso o variado. Y en ese conjunto no puede haber menoscabo para ninguno, repito, ninguno, de los elementos que forman ese conjunto. Es decir, tengo que repartir mi tiempo, consumir mis energías profesionales, en la enseñanza y educación de esa diversidad de alumnos. No es más profesional, ni éticamente más digno, poner más interés en la enseñanza de alumnos que presentan dificultades de aprendizaje por desgana o desinterés (causadas por circunstancias muy diversas) que en los alumnos que presentan dificultades de aprendizaje por tener una capacidad intelectual más baja pero que sí ponen todo su interés en el trabajo escolar; cuanto más cuando a unos y a otros se les provee de recursos extras para mejorar en su aprendizaje. Ítem más, tampoco es más profesional, ni éticamente más digno, dedicar más tiempo a los alumnos con dificultad en el aprendizaje, a los que ya se les dota de recursos extras (horario, maestros de refuerzo y compensatoria, etc.), que a los que no presentan tales dificultades, o a los quepresentan características de altas capacidades, puestos que estos dos último grupos también merecen dedicación singularizada en determinados momentos del horario lectivo. Y el tiempo es finito; y el maestro no tiene el don de la ubicuidad. La discriminación positiva de un grupo de alumnos no debe suponer la discriminación (sin adjetivos) de otros grupos de alumnos.

Como decía Celaya, para educar hay que tener mucha paciencia.

(Y el lunes no acabó ahí. Mañana más.)

2. Educar es lo mismo

que poner motor a una barca…

hay que medir, pesar, equilibrar…

… y poner todo en marcha.

Para eso,

uno tiene que llevar en el alma

un poco de marino…

un poco de pirata…

un poco de poeta…

y un kilo y medio de paciencia

concentrada.

Gabriel Celaya

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