La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

19 enero, 2016

Flecos de vanidad

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 17:35

Antoniomm: Vanidades

clip_image002Nicolás: La vanidad, la falsa humildad, la adoración del propio ego (cómo si hubiese otro, cómo si no hubiese otros), la adulación, el falso orgullo y la pedantería de salón, son como las cremas suavizantes que se unta el campesino de piel rugosa y quemada por el sol. Intentos de apariencia. Vivimos, quién no, en ese doble juego de vanidades y adulaciones. A veces la mesura las hace casi indetectables. Otras veces la desmedida las hace ridículas, casi insufribles para los que asisten al espectáculo. Quién no ha dado palmaditas en la espalda o las ha recibido; o ha esperado recibirlas. Quién no ha asentido con cabezazos afirmativos, que no son sino tics incontrolables, cuando el orador fija en tus ojos su mirada mientras habla sobre aquello que te gusta oír. Tan solo es cuestión de grados pero vivimos una vida de constante vanidad. Antes se decía: “A un tonto (perdón por término tan políticamente incorrecto) le das una gorra y se cree capitán general”. Dale una gorra o dale un carguito, dale un escaño o un post… y la vanidad aumentará como el colesterol malo. Y cuando ya tienes la gorra (y todo el uniforme), el carguito (que ha pasado a ser nombramiento en el BOE), el escaño (que ahora es de color azul) y el post (que se ha transformado en grupo mediático)… ¿la vanidad desaparece? Noooo. Todo lo contrario, te sigue acompañando. Incluso se alarga como sombra vespertina. Por ejemplo, estoy en lectura de “Leyenda del César Visionario”, de ese Umbral tan vanidoso como buen escritor, y me encuentro lo que sigue:

-Debieras firmar tú mismo el folleto, Paco -le halaga el hermano, jugando de la vanidad.

-Sabes que huyo de la nombradía, Nicolás. Que lo firme otro. Mi satisfacción es haber servido a España, aunque España no me lo agradezca o no lo sepa.

********************

PS. Si aquel general “huyó” casi cuarenta años de la nombradía, dando nombre a plazas, calles y pantanos, uno nunca entenderá al ser humano. Como esos que dicen ser extremadamente tímidos y andan subiéndose en escenarios mitineros guiando a las masas. La vanidad se viste de falsa timidez pero no puede evitar que asome el fleco de la mentira.

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