La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

26 diciembre, 2015

Quizás tenga que volver

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 12:28

Antoniomm: “Me gusta que los colegios electorales estén en escuelas públicas y que los hijos de los que van a votar aprovechen el rato para jugar en el patio.”

Nicolás: A mí también me gusta. A pesar de haberlo hecho muchas veces, incluso en el aula en la que daba clase a diario, me gusta ir a votar a mi colegio, mezclar esa sensación de sentirme en casa y extraño al mismo tiempo. Ha habido veces que antes de entrar a la cabina electoral (ese confesionario de intimidad política) me han dado ganas de ponerme a colocar bien las mesas de los alumnos que habían arrinconado para habilitar espacio a los apoderados, mesa electoral, votantes…

En el pueblo todas las mesas electorales están en mi colegio. Al ir a votar a una hora “punta” el bullicio se mueve por las galerías y el patio. Resulta extraño ver policías y guardia civil, gentes con tarjetas de identificación de los diversos partidos, señores y señoras mayores endomingados en los lugares en los que suele haber algarabía infantil. Y más extraño resulta oír entre esa bulla una voz que grita ¡maestro!
Según el calendario electoral y según mi calendario lectivo personal el domingo pasado sería la última vez que ejercería de votante siendo maestro en ese colegio (electoral y de enseñanza). Pero visto los resultados, la matemática electoral y la capacidad para establecer acuerdos de nuestros dirigentes políticos… quizás no haya sido la última vez. Quizás dentro de un par de meses vuelva al colegio un domingo.

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clip_image001El domingo, en la íntima soledad de la cabina electoral, tras meter en el sobre la papeleta blanca busqué en la sepia los cuadraditos en los que iba a marcar los senadores de mi preferencia. Como tardaba en tal operación mi santa asomó la cabeza tras la cortinilla recordándome que la jornada de reflexión fue el sábado y que había gente esperando a “encabinarse”. El comentario conyugal me hizo recordar que esa mínima libertad que tenemos los electores al marcar senadores quedaba delimitada por las fronteras de las circunscripciones provinciales. Lástima, pensé mientras dejaba el bolígrafo en el atril y la sepia sin marcar.

Al salir del habitáculo encortinado y observar el albo sobre mi santa vuelve a comentar:

– Tanto rato para tan poca carga…

– Es que no puedo elegir a mis dos senadores preferidos. La provincia me lo impide.

– ¿Y quiénes son los deseados?

– Un tal Savater y un Trapiello.

– Ya. Esos a los que lees de cuando en cuando.

– Sí, esos.

– ¿Y a Marías y Muñoz Molina no pensabas votarlos para senadores?

– No se presentan.

(Historieta ficticia con tintes de realidad)

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