La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

16 diciembre, 2015

Un año con Pla (o el paso del tiempo) – 46. Aquellos días de frío

Filed under: Un año con Pla — Nicolás Doncel Villegas @ 15:43

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No recuerdo un diciembre tan cálido como el presente. Es por ello que al leer el capítulo en el que Pla escribe sobre el frío decembrino uno tiene que hacerlo con la memoria presente en el teclado.

El frío es un incordio, uno más de los que impone la meteorología. Cuando el frío se hace sentir y el cuerpo es incapaz de combatirlo no queda más remedio que acudir a todo lo que hemos sido capaces de idear para combatirlo: desde la siempre querida bufanda hasta el más moderno sistema de calefacción hogareño.

Son esos días en los que las largas noches hacen bajar las temperaturas hasta helar las casas y hacer que cuando amanece, y el sol de la mañana calienta en las calles y en los campos, en el interior de esas casas haga más frío que en el exterior de ellas. Sienta bien entonces sentarse a la recacha, protegido del vientecillo norteño que suele soplar, colocar la cabeza a la sombra y los pies al sol y ver pasar la vida.

El frío del pasado, de aquellos años en los que tan solo el brasero de picón calentaba a los que se acomodaban alrededor de la mesa camilla. El frío de las mañanas invernales camino del olivar durante los días de vacaciones navideñas. El frío de aquellas noches de baño de zinc en las que el agua llegaba casi a hervir en aquellas antiguas ollas. Mucho era el frío que se pasaba en aquellos años de infancia y precarias comodidades. Así lo cuenta Antonio Muñoz Molina, del cual soy coetáneo por año de nacimiento:

“Más allá de las mantas y del embozo que me cubría hasta más arriba de la mitad de la cara notaba el aire helado, el frío que se había ido adueñando de toda la casa a lo largo de la noche y que me alcanzaría en cuanto saliera del refugio de las sábanas, las pesadas mantas, la piel de oveja que me ponían sobre la colcha, el frío húmedo adherido a las paredes de cal y a las baldosas de barro sobre las que se apoyarían mis pies como sobre láminas de hielo.”

Pero este año el gélido diciembre se ha transformado en un eterno otoño post estival que te hace rehuir del sol del mediodía, que te hace guardar las sábanas “de pelito” y que, esto es lo peor, sigue manteniendo los paraguas en el paragüero, convirtiéndolos en objetos inservibles tras tantos días de sequía continuada.

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