La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

13 diciembre, 2015

Soy un profesional de la… voz

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 10:02

1. Semana corta post puente. Volvemos el miércoles y me llega por email otra novedad: Manual informativo sobre riesgos laborales y medidas preventivas personal docente. Llevo seis sexenios, seis (dicen los carteles taurinos), como docente. Son treinta y seis años cumplidos a pie de pizarra y es la primera vez que se me informa sobre tal asunto. Y además con la obligación de firmar un recibí. No está mal que la Administración se preocupe de mi salud pero bien podía haberlo hecho hace unos trienios. Dicho lo cual también es verdad que el Manual ya ha tenido un efecto positivo en mi organismo: su lectura me ha hecho reír. Ya sé que con los riesgos laborales no se debe jugar, que es asunto bien serio, pero es que hay algunos (bastantes) consejos o prevenciones que, de tan elementales o curiosos, provocan como poco la sonrisa. Ejemplos:

– Sobre los riesgos de caídas al mismo o distinto nivel se nos recomiendan medidas preventivas como:

Prestar atención mientras se baja las escaleras, evitando leer documentos, perder la visión de los escalones si se baja conversando con alguien…

No circular por las escaleras con cajas u objetos que impidan la visibilidad, apresuradamente o con calzado de suela resbaladiza o inestable (tacón).

Bien, les ha faltado decir que no debemos corregir los exámenes bajando las escaleras. O al menos que lo hagamos sin tacón.

El mismo peligro pero con escaleras móviles:

Está prohibido el uso al mismo tiempo de una escalera de mano por dos o más personas.

El transporte de la escalera siempre se hará de forma que no obstaculice la visión.

O sea: maestros, no se amontonen encima de una escalera móvil y una vez terminada la faena llamen al conserje para que la retire porque ustedes son capaces de ponerse la escalera móvil delante de los ojos y bajar las escaleras fijas con ella y con tacón.

– Sobre los riesgos del aparato fonador me entero que soy un “profesional de la voz”. Vean: “Se entiende por “profesional de la voz”, cualquier persona que utilice la voz como herramienta y medio principal de su desempeño laboral, como es el caso del personal docente.”. Quedo enterado pues que profesionalmente puedo equipararme a un cantante, a un político parlanchín o a un vendedor de mercadillo (qué bien vocean estos su mercancía). Y sobre tales riesgos se nos aconseja: Mantener la cabeza y los pies secos para evitar los enfriamientos (sic), evitar los caramelos de menta… ¡Los caramelos de menta! Toda una multitud de maestros creyendo en la bondad de los pistolines y ahora resulta que son un acérrimo enemigo del aparato fonador del docente. Menos mal que uno es más de Juanola.

clip_image002– Sobre los riesgos psicosociales (estrés, síndrome del quemado, carga mental). Sí, existe un síndrome del quemado sin necesidad de que haya un incendio. Nunca pensé que aquel antiguo dicho “estar más quemado que la moto de un hippie”, acabaría relacionado con un Manual de Riesgos Laborales del Docente. Entre las medidas preventivas para evitar que uno acabe quemado se recomienda: “Asegurarse que el volumen de trabajo coordine con las habilidades y los recursos de los trabajadores/as.” O sea, que no me manden tanta tarea, que uno tiene ya las capacidades sobrepasadas. Si eso sucediese (que sucede) recomiendan la realización de ejercicios de relajación mental (obsérvese la fotografía adjunta, sacada del Manual). Así que si ven algún maestro practicando yoga subido en un archivador o en una mesa… Ya saben, el volumen de trabajo es el culpable.

Y así un largo etcétera de consejos y prevenciones. Muchos de ellos totalmente necesarios, como los dedicados a las profesoras embarazadas o a los profesores de taller y laboratorio. También los dirigidos a los maestros de educación física. Aunque a estos últimos, cuando se cita de que existirá riesgo de golpes y choques contra objetos y alumnos, se les advierte que ello les puede suceder en las “Proyecciones por explosión de balones al inflarlos con equipos improvisados, por ejemplo con motores de frigoríficos.”. Lo siento, he visto maestros de educación física limpiando la pista deportiva de charcos o hielo (eso sí que tiene riesgo, y no aparece en el Manual) pero nunca vi a ninguno de ellos inflando los balones con un motor de frigorífico (y el Manual no adjunta foto de tan peligrosa actividad). Aunque si se les advierte de ello es porque debe haber habido algún temerario que lo haya hecho y le haya explosionado el balón en todos las faces (o morros). Preguntaré a ver si es práctica habitual, o casual, entre los maestros de educación física.

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2 comentarios »

  1. No cabe duda: son gilipollas.
    (No me gusta decir palabrotas, pero en este caso está justificado.)

    Comentario por Angela — 14 diciembre, 2015 @ 1:36 | Responder

  2. A mí tampoco me gusta decir palabrotas (mentalmente sí digo algunas). Por eso echo mano de la ironía para comentar situaciones como la contada.

    Comentario por Nicolás Doncel Villegas — 14 diciembre, 2015 @ 18:10 | Responder


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