La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

26 noviembre, 2015

De siembra y muerte

Filed under: Media cosecha — Nicolás Doncel Villegas @ 18:56

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Los dos últimos fines de semana, al no tener servicio de “guardería”, he dedicado mi tiempo a actividades tan diferentes como son la siembra y el turismo.

El sábado catorce viajaba temprano hacia el campo escuchando las noticias de los atentados que pocas horas antes habían sembrado el miedo y la muerte en París. La tranquilidad de los campos otoñales bañados de sol y soledad contrastaba con las imágenes de quienes huían atolondrados por el sonido de las balas y las explosiones. Gentes que escapaban por las ventanas, policías pistolas en mano caminando desorientados por las calles, sonidos de disparos mezclados con la música en directo en una sala de conciertos que iba a convertirse en una sala mortuoria. Nada de eso tenía que ver con los regajos profundos que, como enormes cicatrices, permanecen en la tierra tras aquellos años de lluvias tempestuosas. En esos barrancos abiertos sin piedad por la fuerza de la naturaleza uno piensa que bien podrían quedar enterrados aquellos que se empeñan en llevar su demencia contra los que optan por vivir en paz. Mientras abría la navaja para deshilar la embocadura de los sacos de trigo sentía el frío de la hoja de acero, ese frío que deben sentir aquellos que sienten el tacto gélido y metálico del gatillo que accionará el mecanismo que lleva consigo la muerte. Mientras me sentaba en los sacos cerrados esperando que llegase el tractor con la máquina pensaba en los ciudadanos que, sentados en terrazas de bares y restaurantes, gozando de la vida, no tuvieron tiempo para pensar que aquellos tipos que aparecían por la esquina o bajaban de aquel coche traían consigo la sinrazón que genera violencia cuando se mezcla cualquier dios con una AK 47.

Se siembra la semilla con la esperanza de recoger la cosecha. Surquea la reja la tierra depositando en ella esa esperanza. Qué maligna semilla habrán sembrado en la mente de esos desesperados que se inmolan, quiénes son los que convencen a otros de la misma especie para que se aten un cinturón de explosivos, por qué en esta tierra de seres inteligentes germina el mal de manera tan sutil. Sigue el tractor subiendo la pequeña loma, girando una y otra vez hasta vaciar el depósito de millares de granos de trigo que recorren su camino por tubos que les conducen al surco ocre de tierra esponjosa. Qué caminos habrán recorrido los pensamientos de aquellos que disparan, qué surcos de tierra acogerán sus cuerpos y los de sus víctimas. No hay previsiones de lluvias, se siembra en seco, con el poco jugo que la tierra mantiene en sus adentros. Ojalá se secara la siembra de aquellos que alientan el horror. Ojalá llueva para que germine el cereal que ahora cae sobre estas parcelas de otoño luminoso. Ojalá se marchiten todas esas ideas que encienden el desvarío y la barbarie.

Fue un fin de semana de siembra y muerte.

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2 comentarios »

  1. Nicolás, este es uno de los textos más bellos y más profundos que te he leído.

    Comentario por Angela — 27 noviembre, 2015 @ 1:40 | Responder

  2. Gracias, Ángela.

    Comentario por Nicolás Doncel Villegas — 27 noviembre, 2015 @ 17:34 | Responder


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