La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

16 octubre, 2015

Campanas de boda: Por lo civil o por lo religioso (3/4)

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 14:55

clip_image002Hay quien se casa por la iglesia y quien se casa por lo civil. Esa doble opción no es tal pues el Estado español reconoce como válido a efectos civiles el matrimonio celebrado por la iglesia católica. Así que quien se casa por la iglesia también lo está haciendo por lo civil. Casarse por la iglesia es pues un añadido que la pareja elige libremente por razones religiosas, familiares, culturales o de “marco incomparable”. Por supuesto que el factor fundamental que lleva a casarse por la iglesia es el religioso. Pero no solo ese. Hay quien lo hace para no dar un mal rato a la madre o a la abuela (recordemos que estamos en la que antes se llamaba la católica España) y esos motivos familiares, que confluyen con los culturales ligados a la tradición, siguen teniendo su peso específico en esta opción. Y luego está el escenario, eso que entrecomillé como marco incomparable. Puestos a elegir escenario pocos mejores que los que posee la iglesia católica para escenificar la unión matrimonial. Los edificios civiles en los que se celebran las bodas homónimas difícilmente pueden competir con la grandeza de los templos, la riqueza de sus ornamentos, la parafernalia de su liturgia, etc.

El sábado pasado se casó uno de mis hijos (creo que lo dije en el post anterior). Se casaron por la iglesia. ¿Por qué eligieron esa opción? Busquen la respuesta en el párrafo anterior. Uno, que no es hombre de iglesia, se alegra que así fuese porque el acto religioso, el sacramento allí celebrado (que diría mi santa catequista), fue imagen de tolerancia por parte de todos los que a él asistimos; porque el sacerdote encargado de celebrarlo conjugó lo puramente litúrgico con el trato humano más cordial, tanto que, a mi parecer, ningún juez, alcalde o persona autorizada pueda hacerlo de tal manera en una boda civil; porque para muchos la presencia de la imagen de la virgen patrona de la localidad al lado de los novios añadía un plus de buenos augurios a lo que allí se celebraba; porque por las naves de la iglesia podían correr libremente los pequeños invitados, etc.

Ya tocan las campanas de boda, ya vuela el arroz por el aire (los confetis no tanto) y los novios toman su primera copa como matrimonio en el atrio de la iglesia. Caras de felicidad por doquier, lucimiento de esos trajes que hubo que probarse varias veces, tocados y pamelas de hermosos colores… Ya están casados. Se podría decir que forman la pareja perfecta: rostro de pícaro novelesco él, rostro de ser angelical ella, pieles de ébano y marfil que aún así resaltan sobre traje oscuro y vestido blanco. Han pasado los nervios de la ceremonia, las fotos anteriores a la misma, los madrugones de peluquería y maquillaje. Todo ha salido bien. Pero no todo ha concluido porque no hay boda, sea civil o religiosa, sin banquete: el yantar vituallas y trasegar licores es una religión a la que todos somos adeptos.

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