La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

10 septiembre, 2015

Por la calle del silencio

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 17:22

clip_image002Estas mañanas de escuela sin alumnos camino bajo naranjos que muestran un verdor de claridad en los brotes nuevos que surgieron tras la poda. A sus pies, compartiendo el mismo arriate, rosales resecos que parecen haber bebido tan solo de las escasas lluvias caídas hace unos días. Los portales de las casas permanecen cerrados y el suelo de granito de la calle se dibuja a lo lejos sin vehículo alguno que circule sobre él. Tan solo un anciano camina por la acera ayudado por el andador que desliza sus tacos de goma y sus pequeñas ruedas delanteras en el silencio de la mañana. Son las nueve y el pueblo pareciese dormido tras el ajetreo nocturno de la feria, esa fiesta tan atávica que sigue congregando fervor religioso y alcohólico a partes iguales. Otra anciana vuelve con una bolsa en la mano tras comprobar que la panadería también está cerrada. Somos los tres habitantes de esta calle que en los próximos días, a estas mismas horas, se llenará de un trajín de coches y un bullicio de madres que arrastrarán a sus somnolientos hijos camino del colegio. Nos saludamos con unos buenos días de tono bajo, como si no quisiésemos despertar a los que aún duermen la resaca de la fiesta. Sigo mi camino en solitario y me cruzo con un joven de andares desgarbados que ha alargado el amanecer. Paso delante de otro grupo de chavales que charlan cerca de la guardería. Me observan con miradas perdidas y uno de ellos, con voz gangosa, me dice: “maestro, hoy voy a sacar un sobresaliente”. Esos andares, esas miradas y esas voces están atiborradas de todas esas sustancias que alegran y trastornan. Le respondo, a quien debe ser un antiguo alumno del colegio tan cercano, que hoy no es necesario que vaya a la escuela, que mejor se acueste pronto. Mientras recorro el último trecho pienso en los que siempre se quejan de las largas vacaciones de los maestros, de las horas dedicadas a educar en la prevención de los excesos, de los que fueron alumnos y ahora son padres que traerán a sus hijos al colegio por la misma calle del silencio que he recorrido estos días.

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