La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

23 agosto, 2015

Un año con Pla (o el paso del tiempo) – 34. Ligereza en el vestir

Filed under: Un año con Pla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:20

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En estos días de verano, aunque hoy haya amanecido frescamente otoñal, nos desprendemos de ropa como el político se desprende de sus principios una vez alcanzado el poder. Así lo hacemos en este mundo que llaman occidental. Desde que allá por mayo comienzan las primeras calores en estas tierras del Sur despojamos nuestra epidermis de las distintas capas textiles hasta llegar a vestir camisetas y pantalones cortos y calzar nuestros pies con livianas sandalias. En otros mundos, en otras culturas, no ocurre esto; sobre todo para las mujeres. Es lo que tiene la pesada carga de las tradiciones y religiones.

Viene todo esto a cuento del capítulo que Pla titula “Sobre el derecho a quitarse la americana”. En aquellos años de mediados del siglo pasado la gente bien, los hombres con posibles, vestían la chaqueta, la americana, incluso en estos días de agosto caluroso. Solo los que no podían permitirse la compra de tan elegante prenda de vestir andaban en mangas de camisa. Eran los predecesores de aquellos descamisados con camisa a los que arengaba aquel flaco político sevillano en los primeros años de la transición política.

Escribe Pla: “Cuando yo era corresponsal en Londres, no vi jamás en el Foreing Office, ni aun en los días de más bochorno londinense —aquellos días de cielo bajo y ahogado con la asfixiante reverberación de los asfaltos callejeros— no vi jamás, digo, un diplomático inglés desprovisto no ya de la americana, sino del chaleco correspondiente.”. Incluso sí eran laboristas, añade Pla. Eran otros tiempos, sin duda. ¿Qué pensaría hoy el autor ampurdanés al ver a ese jefe de gobierno griego que no se desprende de la chaqueta pero que nunca usa corbata? ¿O a esos jóvenes políticos españoles que quieren tomar el paraíso sin americana? Sí, son otros tiempos. Y a uno, al que la estrictas normas del vestir políticamente correcto, las exigencias de ir vestido “como debe ser”, siempre le ha parecido una exageración formal y una pesadez tan agotadora como mostrarse obligatoriamente feliz porque nació tal o cual día o su nombre coincide con el de tal o cual santo, el hecho de quitarse la americana en verano, desprenderse de la corbata y calzar zapatos sin calcetines, no solamente le parece un derecho sino un placer. Ya sé que puede parecer una exageración, un desatino contra las normas del protocolo, una declaración de populismo de armario… Pero, ¿y lo cómodo que iríamos todos?

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