La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

21 agosto, 2015

Muchos recuerdos y pocos kilos de pipas

Filed under: Media cosecha — Nicolás Doncel Villegas @ 9:09

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Resecadas y ennegrecidas, aisladas entre sí, empequeñecidas, las plantas de tallos débiles y panochas cabizbajas…Ha sido un mal año para el girasol. Las escasas lluvias de primavera (un año más), el efecto de algún herbicida (dicen), los calores desaforados y prematuros, han hecho que la cosecha recogida sirva escasamente para pagar la siega. Esperemos que el seguro agrario compense el resto de los numerosos gastos realizados y la escasez de kilos de pipas recogidas.

A estas alturas del mes de agosto, los últimos años se estaba empezando la recolección; este año casi todo estaba segado para el día de la Virgen. En día y medio, sin prisas, todo terminado. Días de poco calor, de amaneceres frescos cuando me encaminaba hacia la finca, de charlas y llamadas telefónicas para concertar entrega de las pipas, visita del perito del seguro. Días también para tomar decisiones: ¿merece la pena segar tan raquíticas plantas? ¿Es mejor que la cosechadora pique los troncones o dejarlo para labores posteriores? Antes estaba él para decidir. Este año no. Este año, las decisiones, los aciertos o errores, son propios. Cuando a uno le llega ese momento siempre cuesta; aunque uno tenga un saco de trienios pisando aulas y escribiendo sobre pizarras, en esto del campo soy como un alumno que ha estado varios cursos estudiando y al que le ha llegado el momento de realizar el primer trabajo.

Se ven correr algunos conejos alertados por el peligro de las cuchillas de la cosechadora. Desde la era, elevada y venteada, los observo huir hacia mejores guaridas. El pozo nuevo, un cilindro de hormigón que emerge entre el rastrojo arado y el girasol segado, me lleva a tiempos pasados, a aquel pozo con brocal de piedra, cubeta de zinc atada con un cordel con la que se sacaba el agua. Se vaciaba ésta en el pequeño canal que la llevaba hasta la pileta contigua. Allí nos refrescábamos en aquellos veranos tórridos de trabajos interminables, sudores continuos y mosquitos insoportables que intentábamos ahuyentar colocándonos ramitas de la hierbabuena que se criaba junto al pozo en el sombrero y las orejas.

También me llevan al pasado las anécdotas que Manolo me cuenta. Las peripecias que él y mi padre pasaban en aquellos viejos tractores, los sustos que pudieron acabar en tragedia, los aciertos o errores de aquellas decisiones que también hubo que tomar. Encerrado en la moderna cabina de la enorme cosechadora, subiendo una empinada cuesta hacia la era, marcha atrás para que las ruedas no patinen en el rastrojo arado, acabada la tarea del día, me imagino esos riesgos que conlleva el trabajo realizado en situaciones imprevistas. También me cuenta Manolo otras “aventuras” propias, las de un joven de pueblo que viaja en metro en la Barcelona a finales de los años setenta, contada de una manera tan natural, como lo hace la buena gente del campo, que no podemos evitar reírnos mientras nos refugiamos tras el remolque de la polvareda que levanta la cosechadora. Comentamos las labores que habrá que hacer acabada la siega, del gradón para dejar bien el suelo de los olivos, de recoger las piedras que cada año emergen de la tierra, de la grada para darle una arancía a los escasos restos del girasol segado… El año agrícola está acabando. Se acerca septiembre y llega el tiempo de ir preparando la tierra para el próximo curso.

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2 comentarios »

  1. Hola Nicolás,

    Siento la muerte de tu padre. En su día se perdió el pésame en no sé qué circuito informático. Tengo problemas para publicar comentarios en tu blog. Se pierden. Hoy lo voy a intentar con otro correo.

    Me alegra saber que cultivas girasol. En mi infancia los girasoles formaban parte del paisaje veraniego de camino a la piscina. Hace años que fueron sustituidos por naves y parcelas. Un par de veces mi padre paró el coche para enseñarnos de dónde salían las pipas que tanto nos gustaban. ¿Sabes que en Polonia las pipas se venden como fruta de temporada? En verano puedes encontrar en las fruterías y supermercados flores enormes de girasoles (sin el tallo) para extraer y comer las pipas. Nada de paquetes y envases.

    Buen final de siega y comienzo de curso.

    Comentario por Eduardo Cas — 21 agosto, 2015 @ 22:24 | Responder

  2. Gracias, Eduardo.
    Desgranar las pipas de una panocha (así llamamos por aquí a la flor del girasol) es algo que suele gustar a los niños. Ahora, con esto de la selección de semillas, las panochas son más pequeñas. En mi infancia algunas eran enormes y pasábamos media tarde veraniega comiendo pipas.
    Buen comienzo de curso también para ti.

    Comentario por Nicolás Doncel Villegas — 22 agosto, 2015 @ 8:37 | Responder


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