La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

15 agosto, 2015

Un año con Pla (o el paso del tiempo) – 33. Agosto ya no es lo que fue

Filed under: Un año con Pla — Nicolás Doncel Villegas @ 7:46

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Ya estamos a mediados de agosto, a mediados de ese mes que antes era sinónimo de vacaciones, de ese mes en el que este país cerraba. Ahora no es tan exagerada esa sensación de “cerrado por vacaciones”, cartel que hace años te encontrabas en numerosos comercios y que también ejercían trabajadores por cuenta propia, oficios liberales y la casi totalidad de la administración. Ahora el país cierra en puentales momentos a lo largo del año pero todavía agosto sigue siendo mes de veraneo para muchos.

Escribe Pla que por la Virgen de agosto “estamos a mitad de la canícula” pero él mismo se desmiente a continuación: “… en realidad descendemos ya por la vertiente opuesta. El año empieza a decaer. En el fondo del fondo, se percibe ya un no sé qué otoñal muy vago, en el aire.” Así es. A pesar de que hay días caniculares las horas de sol se han acortado, alguna tormenta refresca transitoriamente el ambiente, los grandes almacenes exponen los libros de texto y los uniformes escolares, en los lugares de playa se vende lotería de Navidad… Todo parece indicar que el verano se acaba, aunque astronómicamente falte más de un mes para que tal suceda.

La Virgen de agosto, tan procesionada y celebrada antiguamente, es ya otra de las fiestas religiosas que los creyentes y los que no lo son aprovechan para descansar en mitad de este mes de estío vacacional. Antes marcaba también el tiempo en el que el agricultor, el payés de Pla, “ya no duerme, como las liebres, con un ojo avizor y la oreja un poco levantada. Ahora duerme a pierna suelta, con la campechanía del hombre que tiene un año por delante asegurado. El año agrícola está llegando a la madurez.” Pero también eso ha cambiado. La diversificación de los cultivos, el cambio temporal en las siembras y las cosechas, las normativas que todo lo regulan, las subvenciones agrícolas… hacen que el ritmo del campo no sea el mismo que a mediados del siglo pasado. Esa visión de lo pretérito marcado por la alternancia de la fruta que se consumía en cada época del año, por el punto de maduración que habría de llegarle al melón o al albaricoque con tal o cual festividad, es una visión de aquellos hombres que podían disfrutar de la sencillez de una vida en la que un melocotón en su punto suponía uno de los placeres que se repetían anualmente, antes de que existiesen invernaderos y cámaras frigoríficas.

Ya estamos a mediados de agosto, días de fiestas patronales, de bullicio y fuegos de artificio, de políticos que escapan de las moquetas hacía senderos montañosos o parque nacionales, de festejos en los que se sacrifican animales mientras unos y otros se gritan defendiendo las “tradiciones” y/o la  “animalía” de los que van a ser lanceados, de vacaciones esperadas para muchos. El maestro de escuela comienza a contar los días como si fuese una cuenta atrás.

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