La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

4 agosto, 2015

La fuerza del destino–Josefina Aldecoa

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 11:05

clip_image002Con este libro concluye la trilogía que Josefina Aldecoa comenzó con “Historia de una maestra” y continuó con “Mujeres de negro”. Esa historia que abarca casi todo el siglo XX español, narrada desde lo personal y lo colectivo, centrada en un personaje principal, Gabriela, la maestra, que en este último libro vuelve tomar el protagonismo para contarnos el final de su vida. Y lo hace a través de un casi monólogo, de un discurso personal en el que la memoria y el recuerdo de los demás está siempre presente.

Escribe Aldecoa rememorando los hechos que le sucedieron a su protagonista, contando a veces lo que se contó de manera superficial, aclarando lo que en algún momento no se contó. Es como completar el puzle de la vida de Gabriela, colocar a los que con ella vivieron en España y en México en el lugar adecuado que a cada cual corresponde, enlazar los hechos del presente que ahora vive quien ya es una anciana con los que vivió en su juventud y en su madurez.

En esa parte del libro el monólogo es compartido a veces con los personajes secundarios que aparecen y desaparecen, con su hija Juana, con su nieto Miguel, con la asistenta Antonia… Son los años en los que llega la vejez y la persona recuerda y reflexiona sobre qué hacer, qué necesita para seguir viviendo, si es mejor la soledad del que es autosuficiente o la convivencia con quienes tienen su propia vida, si realmente en esa última etapa de la vida hay que buscar un quehacer que distraiga de esos pensamientos o lo inevitable en esos últimos años es dejarse llevar por los recuerdos.

En la última parte del libro todo cambia. Un accidente casual, producido por un juguete que un niño deja en medio de cualquier lugar (recordemos que la protagonista fue maestra) lleva a Gabriela a una convalecencia que la mantiene un tiempo inmovilizada parcialmente, sin poder caminar hasta ver el ocaso del sol de cada día. Esa inactividad y la aparición de la confusión entre la realidad y los sueños son el signo de la decadencia, de la auténtica vejez, de la dependencia y vigilancia por parte de otras personas. Es aquí donde ese doble juego entre lo racional y el deterioro mental atrapan al lector, ese contar de Gabriela lo que ve con total lucidez y al mismo tiempo los sueños y los pensamientos que ella convierte en realidad cuando a la vista de los demás no son nada más que disparates. Y con ello la caída al abismo de la vida, la desgana por vivir, la alimentación que ya no apetece, la inconsciencia, los pensamientos deshilvanados, el final. Con una prosa ágil, de párrafos cortos, el lector, este lector, lee ese final rememorando momentos vividos no hace mucho, sintiendo la angustia de leer y conocer el siguiente paso en la vida de Gabriela, esos pasos que conozco porque asistí a ellos en los últimos días de mi padre (la pérdida del sueño nocturno, el querer levantarse mientras los demás se lo impiden, el no comer sólido y recurrir a la cañita, etc.). Se lee ese final con prisas, deseando acabar, porque duele leerlo.

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