La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

10 julio, 2015

Un año con Pla (o el paso del tiempo) – 28. La trilla

Filed under: Un año con Pla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:45

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Y tras la siega, la trilla. Escribe Pla que en su tiempo y en su tierra la siega no era sino el acto preparatorio para el gran momento del agro: la trilla. Escribe de ese acto en el que el grano aparece separado de la paja gracias a aquellas máquinas mastodónticas, enormes a la vista de un niño, que eran las antiguas trilladoras. Habían sustituido al tradicional trillo tirado por bestias y eran otro de los grandes adelantos de la maquinaria agrícola en aquel siglo XX de tantas revoluciones en el campo. Recuerdo haberla visto funcionar en mi infancia, su gran alboroto y polvareda, los hombres alimentándola con la mies segada y el grano llenando las sacas y los fardos. Pero la recuerdo sobre todo arrumbada muchos años en una de las dependencias del cortijo, aquella sala que había en la parte posterior de la cochera, olvidada e inservible al haber sido sustituida por las modernas cosechadoras que segaban y trillaban, librando al campesino de tareas tan inhumanas.

clip_image004Pero antes de todo ese devenir de ingenios mecánicos también vi aquellos trillos que giraban alrededor de la era sobre la mies desparramada. Ese artilugio sobre el que se subía aquel que debería ser un privilegiado pues estaba eximido de ir al tajo con la hoz para segar. Ese ingenio de tal sencillez que era tirado por la mula de confianza que tenía asumida su labor, la de girar horas tras horas. Y tras la trilla se agarraban las palas y los viergos para formar la parva en el mejor lugar de la era, esperar que el viento fuese favorable y poder aventar y separar así el grano de la paja.

Hoy todo eso es un pasado remoto, casi romano que diría Pla. Toda esa serie de faenas en las que los hombres del campo quemaban sus vidas en el largo verano se reducen a unas pocas horas de presencia mientras se observa el trabajo eficaz de la moderna maquinaria que siega, trilla, limpia, etc. en un proceso en el que el rastro de polvo y paja es el único testimonio de esa concatenación de tareas que se suceden en el interior del ingenio mecánico hasta que ves aparecer el grano dorado por el gran tubo expulsor y entonces comprendes que la siega, la trilla, la limpia… han terminado, que no harán falta las cribas ni las palas, las cuartillas para llenar las sacas ni los carros que acarreen la carga, que solo resta el último paseo al almacén.

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