La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

7 julio, 2015

La conjura de los necios – John Kennedy Toole

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 8:44

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Esta novela recibió el premio Pulitzer después de que la madre del autor pusiese todo su empeño en que fuese publicada. ¿Por qué la madre? Porque su hijo, el autor, se había suicidado. Si esa mujer no se hubiese obstinado para que la obra póstuma de su vástago fuese dada a conocer editorialmente no podríamos disfrutar de una novela diferente.

Antes de comenzar la lectura JKT nos deja esta cita de Johnathan Swift: “Cuando en el mundo aparece un verdadero genio, puede identificársele por este signo: todos los necios se conjuran contra él.” En la novela, el genio contra el que todos se conjuran es el protagonista Ignatius J. Reilly, un tipo singular, diferente al resto de la gente con la que convive, con una particular visión del mundo, un apasionado de la escolástica medieval y de la comida basura, un grandullón que entra como un elefante en una cristalería cuando se ve obligado por su madre a buscar trabajo. Su manera de ver todo lo establecido socialmente difiere del resto, sus interpretaciones de la realidad son el reflejo de un prisma único, sus intentos fracasados de cambiar el mundo en el que vive rozan el esperpento.

Junto al “genio” Ignatius aparecen otra serie de personajes que tratan de contrarrestar sus genialidades. Son todos los que se conjuran contra él, desde su propia madre hasta un policía, pasando por jefes y compañeros de trabajo. Esos personajes que deberían representar la normalidad también bordean la irrealidad, sus características y actuaciones tienen también ese punto de desbarajuste mental que dan lugar a situaciones grotescas e hilarantes. La afición a la bebida de la madre, los disfraces del patrullero Mancuso para apresar delincuentes, la relación que Ignatius mantiene con una antigua compañera de estudios… son los complementos perfectos para que el tono de la novela no decaiga en ningún momento.

En el prólogo se define a Ignatius como  un “Oliver Hardy loco, Don Quijote adiposo y  Tomás de Aquino perverso combinados en uno”. Con un personaje así la diversión está asegurada. El lector se ríe con las andanzas del supuesto genio al que todos tratan como un necio. Por eso, tras la risa, hay momentos en los que uno siente pena por quien ve la vida de manera tan particular que no puede escapar de ese mundo paralelo que trata de crear, ese mundo que bien podría ser un gran carnaval de la ciudad en la que todo sucede, Nueva Orleans.

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