La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

1 junio, 2015

Habitación 127

Filed under: Personal — Nicolás Doncel Villegas @ 18:40

clip_image002El tiempo es un carcelero despiadado cuando la noche no avanza en la habitación de los quejidos. El reloj es un elemento de tortura al que inexorablemente vuelves la vista sabiendo que en esa mirada hay tanto peligro como si te cruzases con los ojos de Medusa o volvieses la cabeza para echar el último vistazo antes de quedar convertido en estatua de sal. La cortina separa los ámbitos particulares de cada enfermedad como si quisiese privatizar el padecimiento de los que yacen en esos artilugios mecánicos que llaman camas y el descanso inalcanzable de quienes son llamados acompañantes cuando deberían ser nombrados compañeros de la desazón convertida en rutina hospitalaria. El silencio nunca es total, siempre hay sonidos humanos o de ingenios mecánicos adosados a la pared o al cuerpo de los enfermos que te acompañan en la duermevela. Respiraciones agitadas, zumbidos y goteos, ayes que salen del corazón y escapan por las gargantas, pasos nocturnos en el pasillo… te mantienen ojo avizor esperando no sabes bien qué.

Desde que el bullicio desapareció del pasillo, desde que las visitas dejaron de serlo, la vida en la habitación de la decadencia física se convierte en un azar en el que te puede tocar la agitación o la paz efímera. Cuando uno es visitante el escenario, aun siendo el mismo, es totalmente diferente. Los yacentes te miran con miradas pasajeras, los brillos metálicos de las camas deslumbran cuando bajas la cabeza para observar fugazmente las bolsas que contienen los efluvios coloristas de la enfermedad, las ventanas parecen dar más luz y los que acompañan se alegran que alguien les distraiga de su forzada retención. Cuando uno es quien debe vencer el paso torpe del minutero los cristales parecen opacos y nada brilla tu alrededor. Todo parece más gris y hasta las gentes que salen en el televisor parecen enmudecer porque el sonido es tan bajo que pareciesen espíritus que intentan comunicarse contigo desde la pantalla.

Nunca fui amante de la noche en vela de los hospitales. No creo que nadie lo sea. Siempre temí que ese momento llegara. Desde él escribo.

Habitación 127 – 3:30 de la madrugada – 30 de mayo de 2015

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5 comentarios »

  1. Lo que quiera que te haya llevado a la habitación 127, espero y deseo que se vaya cuanto antes, que te abandone el mal y vuelvas a casa con buena salud y mucha energía. Ponte bueno. Un abrazo.

    Comentario por Ángela — 2 junio, 2015 @ 1:00 | Responder

  2. Pero…, un momento, 30 de abril dice al final. ¿Se pasó ya?

    Comentario por Ángela — 2 junio, 2015 @ 1:01 | Responder

  3. Querida Ángela, me equivoqué de fecha. Era mayo y no soy yo el paciente sino mi padre.
    Gracias por tus buenos deseos.

    Comentario por Nicolás Doncel Villegas — 2 junio, 2015 @ 8:50 | Responder

  4. Le deseo a tu padre una pronta recuperación. Besos

    Comentario por Manuela — 2 junio, 2015 @ 23:53 | Responder


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