La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

25 mayo, 2015

Caminantes

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 17:45

Cantares – Joan Manuel Serrat

Antoniomm: Carretera y manta

Nicolás: Cuando he leído el texto de Antoniomm he recordado a otro caminante, a otro Antonio, que gustaba también de caminar por una ciudad que no era la suya pero que hoy es parte de él, tanto como lo fueron Sevilla, Madrid o Baeza. Dos principios de siglos, dos ciudades tan diferentes… ¿Serán esos paseos fuente de inspiración para rimar versos sobre caminantes que hacen camino al andar, o para imaginar historias sobre esas gentes que escuchan merengue junto a un puesto de frutas?

Lo que no entiendo es el por qué fijarse un itinerario concreto, un trayecto fijo, un paseo con límites. Pareciese que el placer de la caminata se perdiese por ese carácter de reto casi competitivo, además del que produce el cansancio o las ampollas en los pies.

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clip_image002Esto de las caminatas con un principio y un final determinado (puede que también con un fin determinado) me parece algo parecido a lo que podría ser un peregrinaje laico, lo mismo que existen las primeras comuniones laicas.
Se pone en pie el peregrino, avituallado de cuaderno y bolígrafo en lugar de la estampita y el escapulario del santo titular al cual se dirige el caminante; pertrechado con el libro de poemas o las frases célebres del escritor o poeta cuyo destino final vamos a visitar, sea allende los Pirineos o acá Despeñaperros. Se llega al mítico lugar, cansados los pies y avivada el alma, se retrata uno para la posteridad y para la íntima satisfacción que da el haber estado allí, y se regresa con el deber cumplido, cual islamita visitada La Meca, reconfortado espiritualmente por haber pisado las calles que pisó aquel al que tanto debemos, por haber conocido su último refugio.
Los peregrinos laicos también sufren los males pedestres si los santos de sus devociones son músicos o pintores. Incluso los hay ya que hacen las rutas santas de sus cocineros preferidos, aunque estos, además de alimentar el alma, alimentan el estómago con lo cual no merecen el mismo respeto que los anteriores pues es como si hiciesen la ruta del ibérico en la sierra onubense o el itinerario de los vinos riojanos.

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