La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

19 mayo, 2015

El viaje a la vida – Eduardo Punset (5/6) La curiosidad y la edad

Filed under: De libros — Nicolás Doncel Villegas @ 15:23

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Capítulo 8: La curiosidad que no cesa

Uno no puedo dejar de sorprenderse cuando lee que un milímetro cúbico del cerebro humano tienen cien mil neuronas con mil millones de conexiones, y que por término medio nuestro cerebro tiene un millón de milímetros cúbicos. La magnitud de esas cifras le hace a uno pensar, gracias a una de esas conexiones neuronales, en el poder que esta especie ha alcanzado para poder desarrollar todas sus capacidades, las positivas y las negativas, las que llevan al amor y al odio, las que hacen de la especie humana la más destructora y la más solidaria… Y dentro de ese mundo inabarcable que es el cerebro aparece el don de la curiosidad, ese que te lleva a prestar atención sobre lo que ocurre a tu alrededor, a preocuparte por lo incomprensible y tratar de desvelar su secreto, a querer saber todo aquello que parece reservado para los que desean conocer más que lo que parecía predestinado a aprender.

 

clip_image004Capítulo 9: Edad cronológica y edad biológica

Inevitablemente me voy haciendo viejo. Como todos. Esa ley implacable que te hace cumplir años, tener una edad cronológica marcada por tu fecha de nacimiento, no es la misma que tu edad biológica. Es interesante, sería muy interesante, conocer esa edad biológica, esa que es la que realmente te marcará la llegada a la meta. Es también muy interesante este capítulo en el que Punset habla de esa diferencia, de ese sentirse joven aunque cumplas años, de ese sentirte un viejo cuando aún no has cumplido los cuarenta. Un factor que interviene en esa resta, de la cual desconocemos tanto el resultado (la diferencia) como uno de sus otros términos (el minuendo o el sustraendo), de la cual tan solo sabemos el año de nacimiento, un factor importante que interviene en ella es sin duda la ansiedad que nos invade a los humanos del llamado mundo occidental. Dice el autor que hay ansiedad buena y ansiedad mala (como el colesterol, añadiría yo). Y que un nivel mínimo de ansiedad, de estrés vital, es necesario para seguir viviendo. Lo difícil es controlar ese nivel, conocer y dominar los parámetros que influyen para que no se desboque el caballo de ese frenesí.

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