La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

12 mayo, 2015

Un año con Pla (o el paso del tiempo) – 21. Leve crujir de huesecillos

Filed under: Un año con Pla — Nicolás Doncel Villegas @ 14:30

Para la gente que vive en el campo, o mejor, para la gente que vivía en el campo, los pájaros eran compañía diaria, seres que acompañaban con su canora presencia las tareas agrícolas y el descanso al final de la jornada. El vuelo, el piar, el estar merodeando alrededor del pozo o la casa, el posarse en los aleros de los tejados o en el alféizar de la ventana, la construcción de los nidos en los lugares habituales, conformaban esa leve y aérea compañía con la que titula Pla este otro capítulo de su libro La huida del tiempo.

Hay dos asuntos que me han llamado la atención en este pasaje de la obra. Uno es la vuelta a la infancia; el otro es una curiosidad que comparto con el autor. Se trata ésta última de un tratado de ornitología sueco sobre la utilidad o malignidad de los pájaros. No sé si hoy habría alguien que se atreviera a calificar a algunas de esas pequeñas aves voladoras con tal rotundidad (malignidad) sin correr el riesgo de que el ecologista políticamente correcto llamara su atención sobre la necesidad de todo ser vivo (o hijo de Dios, si el ecologista es creyente) para mantener el equilibrio natural del planeta.

clip_image002El otro asunto me retrotrae a la infancia. Se trata de los gorriones, esos pobres pajarillos cazados con costillas, esas mortíferas trampas trenzadas de alambre y muerte. Si tal costumbre me resultaba penosa más aún lo era el objetivo y consecuencia de esa caza hace años ya prohibida. Aquellos pajarillos eran comprados por los taberneros para luego servir de tapa con la que se acompañaba el vaso de vino: “Los pájaros —como todo— se pagan más o menos según su abundancia. Yo los veo pagar ahora, a duro la docena. En las tabernas de estos pueblos, un pequeño porrón de vino y un gorrión pasado por la sartén, vale cinco reales. El gorrión era la tapa del vaso de vino.” Así era. Tan real como esos recuerdos en los que se mezclan las visiones, los olores y los sonidos de un acto que en aquellos años me resultaba repulsivo, no por condición moral sino por el simple hecho de no poder soportarlo sin que tal circunstancia tenga que sostenerse con explicación de ningún tipo, ni emocional ni racional. Para que sea más comprensible esa repulsa que entonces sentía, y que hoy volvería a sentir, dejo que Pla lo explique: “No deja de ser un espectáculo desprovisto de sentimentalismo ver devorar gorriones por un ser humano. Se necesita, indiscutiblemente, una dentadura fuerte. A veces el pajarillo es tan pequeño que es absolutamente ilusorio separar los huesos de la carne. Así hay que mascar el animal entero y triturarlo con los dientes. Si el animal es tierno los huesos son quebradizos; de todas formas, puede escucharse siempre el «cric-crac» característico de la rotura de los huesos. En determinadas circunstancias, estos ruidos pueden hasta llegar a poner la carne de gallina.” Eso sentía yo también.

Anuncios

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: