La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

7 mayo, 2015

Muros de la inconsistencia (y 5)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 14:54

El amanecer mortecino que llega tras la nevada le encuentra sentado frente al ordenador. Los últimos pensamientos puestos en la mente de “ese Tomás de…” le llevan hasta el pueblo en el que su madre, atendida de día por su hermana, con la ayuda de una muchacha del pueblo, y por la noche por una señora de confianza, andará levantándose. A sus más de ochenta años la mujer aún no ha perdido la costumbre de madrugar. Costumbre forjada en días y días en los que desde joven tenía que levantarse la primera para preparar la talega al marido antes de que éste saliese con el amanecer a echar la jornada en las tareas del campo. Esos pensamientos le producen un escalofrío que la calefacción no puede combatir. Será mejor volver a escribir, piensa mientras escucha los primeros ruidos del nuevo día que comienza.

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El amanecer gélido que llega tras la noche de suspiros quejumbrosos no es un alivio para Tomás. A la noche le sucederá otro día similar al de ayer. A la desgana vital del padre, a su poco, no, a su nulo esfuerzo por hacer más llevadera la vida de aquellos que le cuidan se le unirá el malestar y la incomprensión de la madre, sus opiniones disparatadas, el desafecto por lo que el hijo hace o deja de hacer… Es tanta la desesperanza, la frustración por no encontrar en sus padres una mínima señal no ya de cariño sino de simple consideración que Tomás desea que llegue la hora de marcharse al trabajo y salir de ese mundo de nubes negras que constantemente amenazan con desencadenar la más atroz de las tormentas. Cuando llega esa hora de ese nuevo día, cuando abandona la casa camino del trabajo, sabe que no volverá a pasar más noches y más días envuelto en ese desasosiego. Ha tomado la decisión para escapar de esa situación.

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clip_image002Apaga el ordenador con la satisfacción de haber resuelto un auténtico quebradero de cabeza. “Ese Tomás tocapelotas…”, musita con una leve sonrisa, segundón en su obra más auténtica, va a desaparecer de su vida, no va a evocarle más los momentos en los que no estuvo cuando su padre entró en la fase final de aquella maldita enfermedad, no va a traerle más recuerdos de su anciana madre, guardiana fiel de la vieja casa familiar. Ha tomado la decisión, por él y por Tomás, que les ayudará a ambos a derribar ese muro de inconsistencia que les impedía respirar en paz.

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