La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

17 abril, 2015

Autoridad, no abuses de mí

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 14:37

American Skin – Bruce Springsteen

Antoniomm: Por la espalda

Nicolás: ¿Qué falla entonces? ¿Dónde está la pieza mal encajada o deteriorada? ¿Cómo es posible que en una democracia consolidada, y ejemplo para muchos, se sigan repitiendo esos desmanes de la Autoridad hasta quedar sin castigo o no siendo suficientemente corregidos para que no se repitan?
Decimos que España es un país abonado a la corrupción, que es algo enquistado en nuestro modo de vida, casi independientemente del sistema político que rija en ese momento. ¿Ocurre en los Estados Unidos algo similar con ese uso de la violencia por parte de la policía con determinados grupos sociales o étnicos?

Los mecanismos legales y judiciales deben ser entonces imprecisos, inadecuados, incorrectos, cuando la historia se repite tan a menudo. O hay algo más. Hay un “caldo” social mayoritario que de alguna manera “legaliza” tales situaciones, las da por buenas, como Aquí se admiraba (y en algunos casos sigue ocurriendo) hasta no hace mucho a los políticos que estando salpicados por la corrupción volvían a salir elegidos; o como sucedió durante muchos años en las tierras del Norte cuando la violencia terrorista era “entendida” por gran parte de la población.
Da miedo, sí, que el mal funcionamiento del Estado no pueda acabar con esos desmanes, con esos “errores”. Pero da pavor cuando tales situaciones no son condenadas por la inmensa mayoría de esa sociedad en la que acontecen.

***************

clip_image002PS. El miedo a la Autoridad, el miedo a ese policía con el que te cruzabas, a esa pareja de la guardia civil que veías llegar en aquel Renault 4 (luego vendrían en Land Rover), sin que tuvieses motivos para sentir ese miedo, tan solo lo irracional de pensar que siempre puede haber algo que no has hecho bien, como el viajero que al cruzar la frontera siente que puede aparecer algo inesperado en su equipaje que le lleve a convertirse en un delincuente y ser detenido de manera imprevista cuando lo que esperaba es continuar un viaje sin obstáculos ni impedimentas de ningún tipo.

Estoy hablando de aquellos tiempos del régimen oscuro. Luego vendrían tiempos de libertad (qué ampulosa suena ahora tal declaración) pero ese sentimiento permanecía incrustado el recuerdo porque uno pensaba que aquella Autoridad nunca se doblegaría al dictamen de las nuevas leyes. Hay quien todavía lo piensa. Quizás porque no vivieron los viejos tiempos, aunque fuesen sus últimas bocanadas.

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