La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

28 marzo, 2015

Un año con Pla (o el paso del tiempo) – 16. No es tierra de vientos

Filed under: Un año con Pla — Nicolás Doncel Villegas @ 10:22

Dust in the wind – Kansas

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Escribió Neruda: “El viento es un caballo: / óyelo cómo corre  / por el mar, por el cielo.”
Estas tierras del Sur, esta parte del país andaluz (parafraseando a Pla) en el que uno mora, no es tierra de nieves, dijimos hace un tiempo. Tampoco es tierra de vientos. Hay días, muchos días consecutivos, en los que la ausencia del hálito de Eolo es total. Cuando tal soplo se hace notar uno escucha decir por la calle a los paisanos:”¡Vaya aire que sopla hoy, vaya ventolera”!

En invierno los aires que vienen de las cercanas sierras jiennenses o que traspasan la barrera oscura de Sierra Morena castigan el rostro de las gentes. En verano las brisas norteñas refrescan el agobio del sofoco estival. Pero no hay viento de cuaresma, tal como ocurre en el país de Pla: “Cuando llega la Cuaresma, el viento gira a Sudoeste y puede durar, sin interrupción, semanas enteras.” Aquí el solano se mueve en estos días de marzo de cuando en cuando, doblando con suavidad el trigo que aún no ha encañado, levantando las primeras polvaredas en los caminos rurales resecos por la falta de lluvia. En las tierras catalanas de Pla el viento de cuaresma esparce por el mundo el exquisito perfume de las violetas. Por aquí esparce el delicado perfume del azahar de los naranjos callejeros, esos que se visten de blanco y estrenan pétalos como si todos los días fuesen domingo de Ramos.

Quizás porque soy de tierras en las que el viento no es de presencia continua, cuando estoy en lugares en los que cada día se mueven sin cesar las esbeltas palmeras, ondean las banderas de los establecimientos comerciales y las terrazas de los bares se protegen con provisionales muros plastificados, siento que la mente se atolondra por efecto de la continua ventolera, que el ser humano no ha alcanzado ese grado de adaptación al medio ambiente en el que no existe la calma, que me cuesta concentrarme con el incesante silbar del aire que no cesa de moverse. Entonces los pensamientos son como polvo en el viento.

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