La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

15 marzo, 2015

Asoma la desidia

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 10:04

1. A algunos se les ve en la mirada las ganas de aprender. No de aprender lo reglamentado, lo curriculado, sino cualquier duda que aparezca en un texto, en un cuento, en una explicación. Saber que una pinacoteca no es un bosque de pinos sino un museo de pinturas es para algunos una gran satisfacción; para otros es algo que el maestro contó un día en clase y que olvidarán quizás ese mismo día.

2. La superficie del aula distribuida por el espacio que ocupa cada mesa y silla con su correspondiente alumno tiene una influencia en el devenir de la jornada lectiva. Es decir, según quienes ocupan determinados lugares en el aula puede haber más o menos alboroto, más o menos atención, etc. Hay quienes se vuelven más activos cuando se les cambia de sitio, hay quienes ven apagarse su movilidad cuando están al lado de este o aquel compañero, quienes se vuelven más taciturnos si se les desplaza a la última fila, alejados del brillo de la pantalla digital, del polvo de la tiza, de la presencia cercana del maestro…

Suelo cambiarlos de sitio durante el curso. Cada cambio es conocer algo diferente de ellos según quiénes les rodeen. El espacio, tan fijo, tan inamovible, generando nuevas maneras de vivir en el aula.

3. Se están abriendo enormes diferencias, abismales grietas, entre la actitud que muestran unos y otros. Veo caer por esas grietas el deseo de aprender, el esfuerzo por mejorar, las ganas de superar las dificultades… Veo emerger por esas grietas la desidia y la desgana, los trabajos mal presentados, el “qué más da” y “el me da igual”… Y están cumpliendo once años, tan solo once años.

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4. Cuando me preguntó por el colegio, se me había olvidado decirle que, durante unos meses, había ido a una escuela que me pillaba un poco más lejos, en la misma acera que la comisaría. Me quedaba a comer y mi madre venía a buscarme a media tarde. A veces se retrasaba y yo la esperaba sentada en un banco del terraplén.

En el café de la juventud perdida – Patrick Modiano

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4 comentarios »

  1. Mi nieta ha cumplido tres años en febrero, así que el próximo curso ya tiene que ir al colegio. ¡Es tan pequeña! ¿Por qué permitimos que vivan tan deprisa?

    Comentario por Ángela — 15 marzo, 2015 @ 23:21 | Responder

  2. El primer curso de tu nieta será, casi seguro, el último mío.
    Sí. Viven, vivimos, demasiado deprisa.

    Comentario por donceldevr — 15 marzo, 2015 @ 23:26 | Responder

  3. Esas grietas abismales que se abren a los 11 años se convierten en auténticos agujeros negros a los 13 o 14. Y al desinterés se le suma la hostilidad.

    Comentario por Eduardo — 17 marzo, 2015 @ 16:22 | Responder

  4. Así es, Eduardo. Lo sufrí en los últimos años de la desaparecida EGB. Esa hostilidad fue una de las causas por las que decidí quedarme en Primaria. Combatir, tratar, sofocar… esa hostilidad necesita de mucha energía.

    Comentario por donceldevr — 17 marzo, 2015 @ 18:22 | Responder


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