La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

12 febrero, 2015

La admiración y su reverso

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 16:46

Antoniomm: No creo que haya muchas cosas más nobles que la admiración.

clip_image002Nicolás: Escribe Antoniomm sobre el elogio que hizo Galdós de la admiración en su prólogo a La Regenta. Me he ido a ese prólogo y escribe Galdós: “… el que no admira corre el peligro de morir de asfixia.” Y lo escribe tratándose de admiraciones entre colegas, entre autores que visitan los “talleres ajenos”. Para no morir de asfixia Antoniomm declara su admiración por el profesor Santos Juliá, como Lope de Vega la declaraba por Góngora o Pla por Baroja. Pero junto a la admiración, al otro lado de la moneda, está la aversión, el desprecio e incluso el odio más o menos declarado. El propio Góngora dicen que despreciaba a Lope. Pero ese doble juego, positivo moralmente uno y vituperable el otro, ha alimentado a muchos autores para generar nuevas y mejores obras.
Y si llevamos esa dualidad no ya a los creadores sino a los lectores también suele ocurrir que haya quien se declare admirador de Muñoz Molina y lance dardos envenenados sobre la última novela (o sobre toda la obra) de Javier Marías (por ejemplo), o al contrario. No sé por qué pero me parece que hoy es tan usual declararse “admirador de” como acompañar al mismo tiempo esa declaración con otro alguien al que siempre colocamos en “el lado oscuro”. Antes se guardaban más las formas y las declaraciones de admiración no siempre iban acompañadas con las de aversión, pienso.

Albertiyele: Nicolás, no sé si servirá como acicate para que los escritores produzcan más y mejores obras, pero en todo caso pocas cosas me resultan más odiosas en un escritor que esos enredos de críticas despiadadas, celos, envidias, bajezas varias en las que a veces se ven envueltos con sus propios colegas. De la misma manera que huyo de la gente que sólo sabe hablar mal de todo el mundo, que nunca ve nada positivo en nadie, que sólo tiene palabras amargas para repartir a troche y moche, huyo del espectáculo penoso de hombres inteligentes que se sirven de medios públicos para dirimir asuntos que deberían ser no sólo privados sino privadísimos. Y eso aunque lo hayan hecho Góngora, Quevedo, Lope o Dios Padre. Estoy convencida de que este ejercicio de admiración que nos presenta hoy nuestro anfitrión es infinitamente más valioso que cualquier crítica. Y la admiración también puede resultar muy productiva.

Nicolás: Albertiyele, totalmente de acuerdo. La admiración siempre es mejor que el reproche, sobre todo si ambos guardan equilibrio en sus planteamientos.
En el mismo prólogo de La Regenta Galdós apuesta por el positivismo. Escribe: “El estado presente de nuestra cultura, incierto y un tanto enfermizo, con desalientos y suspicacias de enfermo de aprensión, nos impone la crítica afirmativa, consistente en hablar de lo que creemos bueno, guardándonos el juicio desfavorable de los errores, desaciertos y tonterías. Se ha ejercido tanto la crítica negativa en todos los órdenes, que por ella quizás hemos llegado a la insana costumbre de creernos un pueblo de estériles, absolutamente inepto para todo.”

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