La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

7 febrero, 2015

Inquisiciones – J.L. Borges

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 10:24

clip_image001

Según el D.R.A.E.:

Inquisición.  (Del lat. inquisitĭo, -ōnis).

1. f. Acción y efecto de inquirir.

2. f. Cárcel destinada a los reos pertenecientes al antiguo Tribunal eclesiástico de la Inquisición.

En plural: Inquisiciones. Así titula Borges este librito de mocedad. Y nos avisa: “Este que llamo Inquisiciones (por aliviar alguna vez la palabra de sambenitos y humareda) es ejecutoria parcial de mis veinticinco años…”. Porque si inquisición es la acción y efecto de inquirir, es decir indagar, averiguar o examinar cuidadosamente algo”, eso es lo que hace el escritor argentino en estas páginas que anuncian su obra posterior.

En “Inquisiciones” no se manda a nadie a la cárcel del santo tribunal ni se queman obras herejes sino que se comenta sobre escritores españoles y argentinos, sobre literatura hispánica y británica, se hace un examen de metáforas (Lo que nombramos sustantivo no es sino abreviatura de adjetivos y su falaz probabilidad, muchas veces. En lugar de contar frío, filoso, hiriente, inquebrantable, brillador, puntiagudo, enunciamos puñal…”), se escribe sobre Buenos Aires en todos los momentos del día, de sus casas y, sobre todo, de sus plazas (“nobles piletas abarrotadas de frescor, congresos de árboles patricios, escenarios para las citas románticas…”).

Leo y me admiro de cómo alguien con veinticinco años puede saber tanto y escribirlo tan bien. Leo y asiento en silencio, con un cabeceo que visto desde fuera de la posición del lector puede parecer el de alguien ensimismado y fuera de la órbita mundana. Y pienso que debo estar cayendo en lo que el propio Borges escribe: “He advertido que en general la aquiescencia concedida por el hombre en situación de leyente a un riguroso eslabonamiento dialéctico, no es más que una holgazana incapacidad para tantear las pruebas que el escritor aduce y una borrosa confianza en la honradez del mismo.”. Entonces pienso en buscar esas pruebas que contrarrestan mi holgazana aquiescencia y me doy cuenta de mi ignorancia. Sigo leyendo, pues, hasta encontrar verdades perogrullescas o, si os gusta más la equivalencia griega del término, axiomáticas (como diría el propio Borges). Verdades como la diferencia entre el culteranismo de Góngora y el conceptismo de Quevedo, aquello que tanto nos costaba definir cuando estudiábamos literatura en el instituto. Y así los define el argentino: un culterano sería aquel que “cultiva la palabrera hojarasca por cariño al enmarañamiento y al relumbrón”; en cambio, el conceptista “es enrevesado para seguir con más veracidad las corvaduras de un pensamiento complejo.” Leído lo cual… vuelve la admirativa aquiescencia.

Anuncios

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: