La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

29 enero, 2015

Un año con Pla (o el paso del tiempo) – 9. No es tierra de nieves

Filed under: Un año con Pla — Nicolás Doncel Villegas @ 18:32

Tombe la neige – Adamo

clip_image002No es tierra de nieve este sur andaluz de la ribera del Guadalquivir que se adentra en la provincia de Córdoba. Tampoco lo es el de la ribera de su afluente, el Guadajoz, que atraviesa la campiña. Son tierras de inviernos que por días se muestran rigurosos, sobre todo con noches heladoras. Pero no son tierras de nieves. No recuerdo ninguna nevada en mi infancia. Tuve que esperar casi a la treintena de vida para ver nevar en el pueblo de mi infancia. Era algo tan extraordinario que salí con el coche, un Renault 11, para observar como caían los copos sobre el río, los tejados y los olivos de las afueras del pueblo.

Pasaron más de veinte años para que la nieve visitase mi otro pueblo, éste en el que resido. Nevó en el 2006 y en el 2007, una renevada anual más que extraña por estos lares. Son nevadas de pocas horas, mañaneras, nevadas que llegan con el día y se van casi con la hora del ángelus. Dejan un manto (¿por qué esta palabra se cuela siempre cuando de nieve se habla?) efímero, tan temporal como un trabajo por horas. Poco tiempo para que los niños disfruten en el parque o en el patio del colegio tirándose bolas como si fuesen jóvenes centroeuropeos. Aunque los niños centroeuropeos, acostumbrados a nevadas rutinarias, seguro que obvian ese pasatiempo que tanta ilusión hace a los que raramente pueden amasar los copos para hacer con esa nieve un muñeco de vida fugaz.

clip_image004Escribe Pla en el capítulo llamado “La nieve” (claro está) que para él uno de los grandes pintores que en la historia ha habido fue Breughel el Viejo. Y lo cita porque ha sido el único pintor, según Pla, que hizo de la nieve algo más que un elemento secundario en su pintura. No se equivoca si nos paramos a mirar uno de esos cuadros: Cazadores en la nieve. Sobre la alfombra blanca contrastan las figuras oscuras de los cazadores y sus jaurías, los arboles deshojados y las aves que sobrevuelan el paisaje. De ese epíteto, de esa cualidad nívea, de la blancura de la nieve recuerdo haber escrito hace ya casi dos años cuando en el blog de Antonio Muñoz Molina éste escribía: “Hace una hora apenas la nieve ocupaba tupidamente el aire, una nieve flotante, menuda, de pequeños copos que no picaban en la cara, la nieva dócil y prieta que cruje bajo las pisadas.” Y Ángela Marcos, una cobloguera, preguntó: “¿Adónde va el blanco de la nieve cuando se derrite?” Ante tan enigmática pregunta imaginé tantos destinos que sería muy extenso reproducirlos aquí. El lector puede encontrarlos en los siguientes enlaces:

¿A dónde va el blanco de la nieve cuando se derrite? (1/2)

¿A dónde va el blanco de la nieve cuando se derrite? (2/2)

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