La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

22 enero, 2015

Muestrario de olores

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 16:31

Antoniomm: El olor es lo más preciso y lo más fugaz. Para bien o para mal no hay manera de eludirlo. Pero una vez pasado ya no deja rastro. El olor no puede recuperarse a voluntad, ni reproducirse, ni preservarse. Precisamente por eso es lo más específico, lo que mejor nos puede devolver a los orígenes de una experiencia, a la primera vez de un lugar.

Nicolás: El mayor muestrario de olores que mi memoria retiene no es el de un lugar. No es el de una ciudad ni el de una playa, el de una reunión en la que algunas mujeres parecen haberse aliado con los mejores perfumistas ni el de un mercado de abastos. La mayor concentración de olores, desde los aromas más delicados hasta los hedores más pestilentes, se daban en los dos o tres días que duraba la matanza del cerdo.
Comenzaba con la intensidad olfativa que suponía el pelar ajos y cebollas y continuaba con el olor agrio del mondongo cuando se limpiaba con la sal y el vinagre, el del interior del carro que cada invierno acarreaba cientos de cerdos abiertos en canal y el de las tripas secas que luego se utilizarían para embutir. Los aromas llegaban con las especias con las que se aliñaban los embutidos: el comino, la pimienta, etc. Y sobre todo cuando se freían las costillas o se asaban los torreznos. Ya lo decía el bueno de Sancho cuando hasta su pituitaria llegó el olor de los torreznos que se preparaban en las bodas de Camacho: “Bodas que por tales olores comienzan, para mi santiguada que deben de ser abundantes y generosas.”

P.S. (1) El mejor olor… Hay varios: el del primer azahar en la primavera de una calle cordobesa, el de un perfume suave en la piel de una mujer, el de un libro recién comprado, el de un obrador con un horno de leña, el del jazmín (ay, Juan Ramón Jiménez) en una noche de verano junto al mar …

clip_image002

P.S.(2) Dice Antonio Muñoz Molina que Nueva York, que los Estados Unidos, huelen a pizza, a comida rápida. Me cuesta admitir estas generalizaciones. Hay tantos olores como espacios, tantos olores como personas. A no ser que uno sea Jean-Baptiste Grenouille, el protagonista de la novela El perfume, de Patrick Süskind, que carecía de olor propio. La esposa del futbolista David Beckham, efímera cantante de un grupo de moda pasajera, dijo (o dicen que dijo) que España olía a ajo. Eso sonó como un insulto a la patria del gazpacho o las gambas al ajillo. Qué mejor homenaje que ése que atribuye a una tierra lo mejor de su esencia. Benito Moreno también hacía un homenaje a este país cuando cantaba que España huele a pueblo.

España huele a pueblo – Benito Moreno

Anuncios

2 comentarios »

  1. Aquí, al lado de algunos restaurantes huele a grasaza que tira para atrás, pero luego te vas a la pradera en primavera y el olor a meliloto es una bendición. Y también tenemos el olor a frío y a nieve ahora en invierno. Hoy he estado en el taller de un taxidermista. A pesar de toda la materia almacenada (no quiero entrar en detalles), no había mal olor, en contra de lo que yo esperaba.

    Comentario por Ángela — 23 enero, 2015 @ 1:37 | Responder

  2. El oficio de taxidermista es de esos oficios que me despierta mucha curiosidad, de esos oficios que uno no llega a comprender cómo se puede decidir:”Voy a ser taxidermista”. Por aquí, hace años era usual ver sus trabajos en muchas casas. Hoy no.

    Comentario por donceldevr — 23 enero, 2015 @ 15:56 | Responder


RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: