La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

6 diciembre, 2014

Inspección y elección (1/2)

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 17:10

clip_image0021. Hace ya tiempo que lo vengo observando. Desde hace años, cada vez con más frecuencia, lo que un niño cuenta a sus padres sobre lo sucedido en el colegio es considerado por estos como una verdad irrefutable. En mis tiempos solía ser al contrario; cuando uno se quejaba de algo que le había ocurrido en el colegio casi nunca era tomado en consideración por los padres pues estos tendían a pensar que uno mentía buscando una excusa para escapar del consiguiente castigo o reprimenda. Tanto una situación como otra me parecen no válidas por su radicalidad. En todos los extremos suele faltar un punto de racionalidad. Hay tantos matices a la hora de considerar verdad o mentira lo que uno desconoce que me resulta imposible tomar como verdad (o mentira) de fe aquello que cuenta una sola persona, personita en este caso. Si atendemos a la personalidad en desarrollo de un niño de diez años, a sus variables sentimientos ante situaciones que le contrarían o desfavorecen, a los intereses ocultos aunque no malignos que puede tener en un momento dado, etc. cómo podemos a llegar a sentenciar, sea uno padre o maestro, que todo, todo lo que dice mi hijo o mi alumno tiene que ser verdad (o mentira).

P.S. Y para qué me enredaré yo en estas madejas.

2. Hoy no dejaré ningún comentario o sucedido con los que mis alumnos enriquecen la vida de este maestro. Casi no he tenido tiempo de convivir con ellos: lunes, martes y una hora del miércoles. A partir de ahí la visita de la inspectora rompía la rutina lectiva (ésa que tanto me apasiona, aunque rutina apasionante parezca un perfecto ejemplo de oxímoron). Luego vendrían las elecciones sindicales, el jueves, y su consiguiente jornada de legal recuperación, el viernes. ¡Cuántos parámetros exógenos influyen en este trabajo!

3. Ya de niño sentía como una carga que le apartaba de sus verdaderos intereses la obligación de acudir a diario a la escuela. Sus malas notas indujeron a sus maestros a pensar que era un muchacho vago y cortito, que no llegaría jamás a nada. Por fortuna, los maestros tuvieron la ocasión de constatar durante unos cuantos años que el chico era de todo menos vago y de preguntarse quién era el cortito, si él o ellos mismos. De todos aquellos excelentes alumnos que solían ponerle como ejemplo no se supo nunca nada más.

Sigfrido – Harry Mulisch

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