La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

23 noviembre, 2014

Dilemas en tonos grises y sabores agridulces (2/2)

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 13:10

4. Creo haberlo escrito alguna que otra vez: no me gustan los concursos escolares. Ni los organizados por el colegio (el que fuese, no hablo del mío, aunque también) ni los que organizan diferentes instituciones para que en ellos participen los alumnos del colegio. El mínimo nivel de competitividad para conseguir un premio me parece una disparate si ello ocurre dentro del ámbito educativo. Si a ello sumamos la problemática que conlleva todo lo que rodea a ese tipo de concursos no me cuesta ningún esfuerzo declarar mi radical oposición a los citados certámenes. Y no hablo ya del tiempo que hay que dedicar por parte de los alumnos y del profesorado (en el horario lectivo y fuera de él) a una actividad que en ocasiones pierde totalmente su carácter educativo sino a los múltiples problemas de narcisismo, autoestima, egocentrismo, etc. que surgen alrededor de ellos deteriorando las relaciones entre los miembros de la comunidad educativa. Esta semana he vivido un par de ejemplos (que por supuesto no voy a comentar) de todo esto sobre lo que escribo. Ambos han afianzado aún más mi parecer.

clip_image0025. El viernes fuimos al Puente Romano de la localidad. Tras una charla sobre el monumento impartida por una joven especialista en materia de historia nos pusimos en marcha hacia el lugar. La mañana ya había comenzado mal porque uno de los alumnos no había traído ninguna de las dos autorizaciones necesarias para salir del centro, la general para todo el curso y la específica para el acto que se iba a realizar, unas actividades deportivas y lúdicas en el entorno del puente. Sin autorización el alumno tuvo que permanecer en el colegio, lo cual no es nada agradable de imponer pero es inevitable cuando las circunstancias obligan a ello.

Llegados a nuestro destino los alumnos disfrutaron con las actividades que estaban realizando (aunque para algunos el tiro con arco suponga una dificultad equiparable a la resolución de algunos problemas de matemáticas). Todo marchaba perfectamente hasta que llegó el momento de tirarse por la tirolina. La distribución de grupos (íbamos los tres quintos) que realizaron los monitores encargados de la actividades hizo que a mi clase le tocase ser la última en esta actividad. Y dado que el tiempo es limitado, porque a las dos teníamos que estar de vuelta en el colegio, algunos alumnos no pudieron sobrevolar las aguas del Salado enganchados a la ansiada tirolina. Gran decepción para ellos (también para mí), pero vuelvo al punto en el que la mañana había comenzado, ese momento de desazón que sobreviene cuando hay que tomar decisiones a sabiendas que van a causar malestar en los demás.

Con ello terminaba una jornada, también una semana, marcada por el sabor agridulce de lo que se disfruta por momentos pero que no llega a complacer en su plenitud.

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