La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

21 noviembre, 2014

El brasero que mató al rey

Filed under: De libros — Nicolás Doncel Villegas @ 16:44

clip_image002Esta historia trata de un brasero, ese elemento tan olvidado debido a los modernos sistemas de calefacción. Sigo añorando, como recuerdo de la infancia, ese brasero de picón movido de vez en cuando con la badila y encajado en la tarima de la mesa camilla; o ese brasero de ascuas recién traídas de la candela que se hacía los días de la matanza del cerdo.

En fin, esta es la historia de un brasero encontrado en dos libros diferentes. De él escribe Juan Eslava Galán en su “Historia contada para escépticos”, y del mismo brasero escribe Luis Carandell en “Las anécdotas de la política”. Arrímense y caliéntense, pero hasta un cierto momento. No vaya a ser que les ocurra como al Tercero de los Felipes :

1. Morir de un calentón

“Se dice que Felipe III murió prematuramente, a los cuarenta y tres años de edad, por culpa de uno de los muchos usos absurdos que imponía el rígido protocolo de la corte Austria. Yo lo cuento, y el lector lo cree o no, que por algo es escéptico. Era marzo, que en Madrid puede ser mes crudo y siberiano, y habían colocado un potente brasero tan cerca del rey que éste comenzó a sudar co­piosamente en su sillita de oro. El marqués de Tobar hizo ver al duque de Sessa que quizá convenía retirar un poco el brasero, que «su majestad se nos está socarrando», pero, por cuestiones de pro­tocolo, ese preciso cometido correspondía al duque de Uceda. Buscaron al duque de Uceda, pero se había ausentado del Alcá­zar, y cuando pudieron localizarlo y traerlo, el rey estaba ya em­papado de sudor. Aquella misma noche se le presentó una erisi­pela que se lo llevó al sepulcro.”

“Historia contada para escépticos” – Juan Eslava Galán

2. La etiqueta que mata

“La etiqueta de la corte de los Austrias era muy rígida. Y a consecuencia de ella, según algún relato de la época, murió el rey Felipe III. Así lo sugería al menos el embajador de Francia, marqués de Basompierre.

El invierno de 1621 fue muy frío y en el despacho del rey se colocó un gran brasero. Felipe, que padecía unas ligeras calenturas, recibía en el rostro el fuerte calor del brasero, lo cual le hacía sudar y le sofocaba. En realidad, el rey murió de escarlatina pero esto no impidió a Basompierre asegurar que la culpa de la muerte fue la etiqueta. El marqués de Tovar pidió al duque de Alba que retirase el brasero del cuarto real. Pero Alba respondió que no podía hacerlo porque ese servicio correspondía al duque de Uceda. Mandaron buscar a este último pero había salido de palacio. Tardó en volver y el calor del brasero provocó la sofocación del monarca.”

“Las anécdotas de la política” – Luis Carandell

Habrá observado el atento lector que entre ambos relatos hay una diferencia nobiliaria. Eslava Galán “culpa” al duque de Sessa de no retirar el brasero y Luis Carandell lo hace, nada más y nada menos, que con el duque de Alba. Fuese el de Sessa o fuese el de Alba en lo que ambos autores coinciden es en el duque que realmente tenía la obligación protocolaria de realizar tal servicio real, aquel inútil de valido que fue el de Uceda. Conclusión: entre duques andaba el juego y el rey acabo palmándola, que dirían Eslava y/o Carandell.

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