La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

22 octubre, 2014

Mis puentes (4/5) – El Puente Nuevo

Filed under: Retales de recuerdos — Nicolás Doncel Villegas @ 15:59

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Si del Puente Viejo siempre presumíamos de su origen romano, o árabe, pues el caso era darle antigüedad al asunto sin importar unos siglos más o menos, del Puente Nuevo nadie hablaba de su edad. Decían que lo construyeron a principios de siglo, del siglo XX, y presumía de su grandeza ante su hermano pequeño. Los numerosos ojos que escoltaban a diestra y siniestra al gran ojo central (y la altura de éste) eran suficientes para que no hubiese arriada de agua capaz de “saltarlo”. Todo lo contrario que el Puente Viejo, tan débil ante las crecidas invernales, el Puente Nuevo soportaba con majestuosidad el aumento del caudal y siempre miraba por encima las aguas turbulentas que arrastraban troncos y tarajes. El cauce del Guadajoz se desbordaba unos metros antes del llegar al puente, conocedor que sobre él era imposible, y las aguas tomaban el camino de las huertas colindantes , se adentraban por la estrecha calle que daba acceso al Llano del Convento, de cuyas alcantarillas manaba el agua porque estaban a más bajo nivel que el río, y la algarabía estallaba en el Instituto cuando anunciaban que llegaba una arriá.

Pero el Puente Nuevo no tenía algo que sí poseía el Viejo. Éste último era como alguien cercano, un vecino al que se saluda de cuando en cuando, un puente que se cruzaba para ir al Paseo, a la Feria Real o a ver entrar a las muchachas que habían dejado de estudiar y volvían de recoger aceitunas. En cambio el Nuevo era como alguien que se creía superior, alejado de los vecinos no por distancia sino por consideración, un puente que solamente cruzábamos en coche cuando había que ir a Córdoba para una visita médica, o al vecino pueblo de Espejo para una visita familiar. Cierto es también que hubo un tiempo que se puso de moda ir al bar La Choriza, un bar nuevo, con tan llamativo nombre, que habían abierto junto a una gasolinera al otro lado del río. Alguna tarde soleada de domingo mis padres me llevaron allí dando un paseo, cuando todavía las tardes de domingo se salía a pasear y no se consideraban un tiempo de recogimiento para afrentar la nueva semana. Y también, durante unos años, siendo ya mozalbete, se puso de moda dar una vuelta por las afueras del pueblo cruzando el Puente Nuevo hasta circunvalar, no, mejor redondear, la periferia de Castro y llegar al Puente Viejo para adentrarse otra vez en el pueblo, por una carretera de Granada por la que apenas circulaban coches en aquel tiempo.

Ni el Viejo ni el Nuevo existen tal como fueron. Ya conté que el primero fue derribado para construir uno de mayores dimensiones. Estando en esa situación al alcalde de aquellos años no se le ocurrió otra genialidad que derribar también el Nuevo, con lo cual el pueblo quedó cual si fuese una península rodeada por las aguas del Guadajoz por todos lados menos por uno que posibilitaba la entrada al pueblo dando, eso sí, un gran rodeo hasta encontrar la nueva circunvalación que habían construido también por aquellos años de interminables fondos europeos que permitían obras necesarias, innecesarias, faraónicas e inoportunas.

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4 comentarios »

  1. A veces parece que una de las cualidades exigidas a los políticos es que sean completamente inútiles (lo digo por el alcalde que tiró a la vez los dos puentes). Las comisiones son, probablemente, lo que le hizo amar derribar lo existente.

    En Granada hay un puente muy bonito que, de momento, a ningún lumbreras se le ha ocurrido cargarse: el puente romano. En Láchar (un pueblo de aquí) hay otro asombroso: lo diseñó Effiel (sí, el de la torre). Esperemos que sobrevivan durante muchos años.

    Comentario por bkosorio — 23 octubre, 2014 @ 22:14 | Responder

  2. Sí, la “estupidez” suele ir acompañada de una buena comisión.

    Comentario por donceldevr — 24 octubre, 2014 @ 18:24 | Responder

  3. No sé por qué razón estaba convencido de que vivías en Villa del río. Al menos acerté en el apellido. Mi hermana estuvo tres años dando clases en el instituto de Castro. No guarda buenos recuerdos. Le horrorizaba la carretera con tantas curvas, cambios de rasante y locos al volante. Las mañanas de niebla llegaba mala. Literal.

    Comentario por Eduardo — 24 octubre, 2014 @ 21:27 | Responder

  4. Vivo en Villa del Río desde hace veintiséis años. Pero mi pueblo es Castro.
    Hombre, la carretera tiene curvas pero no tantas. Lo peor la parte final antes de llegar a Castro y pasado Espejo. Ésas sí que son peligrosas.

    Comentario por donceldevr — 25 octubre, 2014 @ 8:48 | Responder


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