La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

26 septiembre, 2014

Mis puentes (2/5) – El Puente de La Venta

Filed under: Retales de recuerdos — Nicolás Doncel Villegas @ 14:32

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Es un puentecillo que permite el paso sobre el arroyo Casatejada, el cual recibe las aguas unos metros más adelante del arroyo de la Leche, y es afluente a su vez, otros metros más adelante aún, del arroyo Salado. Tal confluencia de arroyos hace que los años muy lluviosos todas esas zonas llanas sean fácilmente inundables. El “puente del cortijo” (de La Venta), como solemos llamarlo (aunque ya no queda cortijo en pie) es una construcción que hoy presenta un aspecto bastante deteriorado. Los murillos intercalados con espacios vanos que cubrían sus laterales casi han desaparecido. El paso del tiempo, los “saltos” del arroyo por encima de los ojos, el paso de maquinaria agrícola de gran anchura que roza la obra, etc. han ido tirando sobre el cauce el material de construcción.

Llevo muchos años cruzando ese puentecillo, asomándome al lecho del arroyo, observando su escaso caudal la mayoría de las veces y viéndolo desbordarse sin control en otras. Años en los que la vegetación y la escasa fauna de patos casi había desaparecido y años en los que incluso en verano era posible mojarse los pies en sus aguas frescas y transparentes. Desde el altozano del cortijo uno se asoma y tiene la tranquilidad que allí está él, a unos metros de la carretera, para salvarte en esos días de lluvias torrenciales e inesperadas en los que había que salir aprisa para que el coche no se quedara atascado en el camino.

En los días de verano, durante las jornadas interminables de la siega, el polvo del camino parecía hacer una pausa cuando se cruzaba por encima. Bajé sus terraplenes cuando era joven y fui a bajarlos cuando mis hijos eran pequeños. Ahora, cuando paso por el puente del cortijo sigo mirando a un lado y a otro según la dirección en la que circulo. Y veo como el delgado hilo de agua viene formando la curva que tantos problemas nos da cuando las abundantes lluvias hacen que el arroyo decide tomar el camino que más le apetece. Observo que, tras cruzar el arco principal, el ojo mayor, el arroyo se encamina hacia los límites de la finca. Y recuerdo las viejas historias contadas sobre ese puente, cuando cruzaban las reatas de mulos, las cuadrillas de segadores, los carros cargados de trigo…

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