La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

1 agosto, 2014

Reflexión sobre cómo convertir la escuela en un mercado persa (1/2)

Filed under: Tizas de colores — Nicolás Doncel Villegas @ 10:22

En un mercado persa – Albert W. Ketèlbey

Cumplido ya el mes de julio uno vuelve a buscar en los cajones de la memoria (y en otros que no son tan etéreos) los aconteceres que sucedieron en el curso pasado. Hallándome en tal situación he encontrado esta reflexión (extensa y en dos capítulos) surgida de un diálogo bloguero que tuvo lugar durante el curso. Entonces alguien opinó que en la escuela deberían enseñarse las cuatro lenguas del Estado español; a saber: castellano, catalán, euskera y gallego. Y otro alguien también opinó que en la escuela debería enseñarse…

Abro por un momento, hoy que el calor ha desaparecido y no parece día veraniego vacacional, la capilla de las Tizas de colores para colocar en ella lo que entonces escribí.

**********

clip_image002El problema de la escuela es que es eso, una escuela, un centro de enseñanza, de instrucción pública, un colegio…Pero no es una gran superficie comercial donde cada cual abre su tiendecita para vender canarios, hacer copias de llaves, arreglar zapatos o expender aceitunas aliñás. Estamos hablando de un centro educativo, con unas limitaciones horarias y con un material sensible: el cuerpo y el alma de esas criaturitas agobiadas hoy día por el trabajo escolar y la multitud (en la mayoría de los casos) de horas extras (cual obrero tras la última ley o reforma laboral) en las que sus progenitores (en la inmensa mayoría de los casos) se empeñan en que su descendiente participe. Porque, sí, aprender idiomas es magnífico para el desarrollo intelectual, social, futuro profesional, etc. Porque aprender a tocar un instrumento musical es estupendo para desarrollar la sensibilidad del futuro músico (aficionado, “porque yo no pretendo que mi niña sea una artista”). Porque conocer y aplicar diferentes técnicas pictóricas va a desarrollar su capacidad imaginativa. Porque actuar en pequeños grupos de teatro le hará perder esa acentuada introversión que manifiesta en el aula. Porque una horita (ya estaba tardando en salir el diminutivo) de flamenco arraigará en él su relación con la tierra que le vio nacer. Porque el taller de alfarería le llevará a conocer que barro somos y en polvo nos convertiremos. Porque la educación vial la considero totalmente necesaria tanto para el urbanita como para el niño rural. Porque la danza (no flamenca) desarrollará su expresión corporal. Porque el huerto escolar despertará su sensibilidad ecológica. Porque una horita (“o tres cuartos de hora, tampoco hace falta que sea la hora completa”) de ecología acrecentará esa sensibilidad por la naturaleza que ha despertado en el huerto escolar. Porque el taller de medios audiovisuales lo vamos a orientar al desarrollo de su creatividad alejándolo de la vulgaridad en la que se está convirtiendo la plaga de las nuevas redes sociales. Porque tres cuartos de hora a la semana sobre nuevas tecnologías complementará su formación con el taller de los medios audiovisuales. Porque…ajedrez, costumbres populares en extinción, meteorología, cocina (¡cómo no!, con lo que se lleva ahora), yoga, filatelia, asociacionismo relacionado con la localidad, decoración (de amplio espectro), defensa personal, etc.

Porque todas esas actividades son educativas, porque todas son necesarias (o casi todas), porque cada cual tendrá miles de razones para que se realicen, porque ninguna es nociva para la formación del educando, porque “yo considero que eso debería enseñarse en las escuelas”, siendo “eso” el “todo”.

Pues díganme cómo. Pero, por favor, usen el sentido común para explicármelo, no se dejen llevar por gustos personales y emociones (más personales aún). Porque todo ello me suena a algo así como si el bueno de Alonso Quijano quisiese que en ese pueblo, de cuyo nombre Cervantes no quiso acordarse, todos los hombres se armasen caballeros y se lanzasen por los campos de la Mancha a vivir sus aventuras; y que todas las mujeres se convirtiesen en nobles damas de esos caballeros andantes. Pues no, mire usted, quien quiera ser caballero que se busque su Rocinante y su buen Sancho y a quien Dios se las dé san Pedro se las bendiga.

[Continuará]

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