La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

14 julio, 2014

Desde mi sombrilla 2014 – Tras el vendaval no siempre llega la quietud

Filed under: Desde mi sombrilla — Nicolás Doncel Villegas @ 9:46

Hay veces que las personas y los elementos meteorológicos, o las fuerzas de la naturaleza, que se decía antiguamente, nos parecemos bastante.

clip_image002Hay días aquí en la costa en los que el viento de poniente sopla sin descanso inclinando el ramaje de las estilizadas palmeras. Toda la floresta se mueve mirando allí por donde salió el sol. Todas las banderas ondean sin flaquear, se mantienen enhiestas para orgullo de los que sienten el patriotismo a cualquier nivel: local, autonómico, nacional, europeo o de calidad turística. Como también hay una bandera que representa este último concepto uno puede definirse andaluz y europeo o español y de calidad turística lo cual siempre es una manera de sentirse parte de algo. Junto al flamear de las banderas y la vegetación la presencia del viento se acompaña con los horrorosos cierres de aluminio y plástico con los que chiringuitos y restaurantes protegen a sus clientes de la fuerza de Eolo. Pero sobre todo el incesante vendaval viene acompañado de una mar picada, una mar que se alborota y rompe constantemente sobre la línea de costa y sobre los espigones que protegen el puerto. Ese batir continuo que expulsa a los bañistas, ese incesante llegar y retirarse entre espumas tan blancas como las fachadas de los casas que escalan las sierras de enfrente, ese murmullo de las olas que llegan hasta convertirse en una pequeña explosión, ese sonido sordo que parece emerger de la profundidad marina, todo ello se acompasa con el incesante ventear que hay tierra adentro. Pero hay un momento, generalmente al atardecer, en el que el ramaje de las palmeras recupera su posición natural, en el que las banderas caen flácidas sobre sus mástiles, en el que los dueños de los chiringuitos hacen desaparecer esas mamparas provisionales de sus locales. El viento desaparece y aparece una quietud en la que los sonidos de la vida diaria te llegan más nítidos. Es entonces cuando percibes que hay algo que desentona en tal placidez: sigues oyendo el bramido de las olas. El mar sigue batiéndose contra la arena y las rocas. No ha encontrado el descanso. Una tras otra llegan oleadas de espuma, una tras otra se levantan las olas como empujadas por una fuerza invisible, empeñadas en hacer atronador el mundo del paseante litoral que ya se ha librado del molesto soplar de poniente. ¿Por qué sigue el mar agitado cuando fuera de él reina la calma?

clip_image004Hay personas a las que les sucede igual que a ese mar obstinado. Son ésas que, una vez desaparecida la situación tormentosa que han vivido, una vez acabado el vendaval que las ha arrastrado, siguen bramando desaforadamente contra todo y todos los que las rodean, siguen chocando contra los espigones de su vida, se empeñan en romper cualquier atisbo de concordia como se rompe una vajilla en momentos de desesperación. ¿Por qué seguirán esas personas agitándose en su violencia cuando a su alrededor se ha hecho la paz?

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2 comentarios »

  1. Sospecho que las dos preguntas tienen una misma respuesta. Y también sospecho que tú sospechas cuál es esa respuesta. Hummm…

    Comentario por Ángela — 14 julio, 2014 @ 20:16 | Responder

  2. Las respuestas son las mismas, claro que sí. ¿Cuáles son esas respuestas? Depende de cada cual, Ángela.

    Comentario por donceldevr — 15 julio, 2014 @ 9:59 | Responder


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