La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

29 mayo, 2014

Nunca seré como vosotros

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 15:16

En su dormitorio, con las luces apagadas, Rubén miraba la pantalla de su ordenador portátil con una cara de satisfacción tan solo comparable a la que mostraba en sus cada vez más frecuentes sesiones de onanismo. Ese domingo, que pronto pasaría a ser lunes, Rubén no había abierto una de sus páginas favoritas, ésas que les servían de motivación a sus soledades de autosatisfacción, sino la página web del Ministerio del Interior.

Con sus diecinueve años recién cumplidos siempre se había sentido un chico singular, distinto a la mayoría de sus compañeros de colegio o instituto. Ello le había llevado en ciertas ocasiones a ser objeto de burlas, con mayor o menor grado de sadismo dependiendo del momento o del hecho por el cual él reivindicaba esa singularidad que, lejos de esconder o evitar, se empeñaba en destacar y defender “a capa y espada”, expresión ésta que solía utilizar y que era acompañada por parte de sus compañeros de clase con calificaciones del estilo “este Rubén cada vez es más friki” o “tío, eres un pringao de mucho cuidao”.

La última obsesión de Rubén consistía en hacer que su afán de destacar sobre los demás, de diferenciarse del resto del rebaño, no cayese en lo rutinario, en lo típico. No le bastaba ya con presentarse disfrazado de la manera más original y estrambótica al desfile de carnaval de su pueblo, ni acudir a la fiesta del instituto, que se organizaba en la discoteca del pueblo para recaudar fondos para el viaje fin de curso, vestido a lo Tony Manero. No. Su ideal de vida, aquello a lo que dedicaba tiempo e imaginación, era la búsqueda de la unicidad, el intentar llegar a ser un solo dios en una sociedad politeísta, el único espectador en una final de la Champions League o el solitario que hace fila frente a una caseta en la feria del libro esperando la firma de Ruiz Zafón. Sí, ya sé que pueden ser ejemplos exagerados, imposibles. Pero era a lo que Rubén aspiraba. Por todo ello, esa noche, su cara mostraba una sonrisa de victoria mientras miraba la pantalla del ordenador y musitaba: “sí, lo he conseguido”.

clip_image002Todo había comenzado unas semanas antes cuando había recibido la tarjeta del censo en la que se le indicaban los datos de su mesa electoral. Era la primera vez en su vida que acudiría a votar. Y tal experiencia vital no representaba para él una satisfacción particular puesto que el asunto político no le interesaba en absoluto. Pero sí era una oportunidad más para hacer realidad su sueño de imponerse como único dentro de la pluralidad. Así que se puso manos a la obra: buscó información sobre el tipo de elecciones (eran al Parlamento Europeo) en las que iba a votar, sobre los partidos políticos que se presentaban, las formas de votar, los candidatos, etc. Con la información recogida elaboró un estudio de posibilidades que le favorecieran en su objetivo. Descartó todas aquellas que suponían algún riesgo de ser penalizado por su acción (intentaba ser único, no un delincuente) y finalmente eligió aquélla con la que intentaría ser “uno y no más” en su pueblo. O, al menos, en las aproximadamente siete mil personas que formaban el electorado de su pueblo.

Llegó a su colegio electoral a media tarde, entró en la cabina y observó los montones de papeletas. Eligió aquella que su laborioso estudio le había indicado que le daría el triunfo, votó con un punto de emoción que los interventores de los partidos achacaron a su noviciado electoral y regresó a casa a esperar los resultados. Y los resultados habían hablado. La página web del Ministerio del Interior, sección resultados electorales, sección localidades, lo dejaba bien claro: cien por cien de voto escrutado y un solo voto, una sola persona, había votado en su pueblo por aquel partido que luchaba contra el maltrato a los animales. Lo había conseguido y disfrutaba de su éxito en solitaria satisfacción. Y esto último sí que le hizo perder parte de su alegría, sentir que sería un éxito anónimo, una victoria más en su lucha por ser único que difícilmente podría demostrar a los demás.

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