La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

3 mayo, 2014

Todos los demostrativos confluyen en el departamento de farmacia

Filed under: Varios — Nicolás Doncel Villegas @ 10:56

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No sé si será una señal (otra más) de la crisis económica o una anécdota sin mayor transcendencia pero lo que me ocurrió hace unos días me pareció cuando menos kafkiano. Les cuento.

Clínica oftalmológica privada. Al paciente (mi santa) se le receta un medicamento que debe tomar cuatro días antes de una operación ocular. Pero se le avisa que tal medicamento no se dispensa en farmacias y que debe recogerlo en un centro de salud público situado al otro lado de la ciudad. Pregunto qué características tiene tal medicamento para que no sea dispensado en farmacia. Pienso en algo de tipo adictivo (la línea que separa una medicina de una droga a veces no existe) o de un precio tan caro que se encuentre a buen recaudo y no en cualquier farmacia. Se me informa que no, que simplemente es un problema de distribución a cargo de la empresa fabricante del medicamento. Es la primera vez que me encuentro con tal situación: algo parecido a un desabastecimiento farmacéutico.

Receta en mano nos dirigimos al citado centro de salud, de nombre “Carlos Castilla del Pino”, famoso y desparecido psiquiatra que pasó sus últimos años de vida en una casa solariega que compró en mi pueblo natal. Preguntamos en información y se nos manda a un segundo punto de información pues el edificio es una mezcla de gran ambulatorio médico y gran centro de gestión sanitario. La señora que nos atiende en el segundo puesto de información, de germánico aspecto (la señora, no el lugar), nos espeta: “eso no es aquí, esto es un centro público y eso es de la privada”. El exceso de demostrativos no nos amilana pues ya veníamos avisados de que tal situación se iba a producir. Insistimos y la germánica informadora concluye: “pues suban al departamento de farmacia”. Luego… “aun siendo esto un centro público, y siendo eso de la privada, esto sí es aquí”, pensé reprocharle, pero mi buena educación y lo cacofónico de la acumulación de demostrativos me impidió hacerlo.

Subimos al departamento de farmacia, tras preguntar en otro punto de información, pasando por el departamento de relaciones sanitarias, por el de financiación y algún otro que no recuerdo. Son dependencias amplias, perfectamente equipadas en mobiliario y material informático de última generación, que dan a un pasillo iluminado por los grandes ventanales exteriores. En cada departamento trabajan frente a sus ordenadores de diez a doce personas en un ambiente relajado. Mi santa y un servidor, ajetreados y nerviosos por la búsqueda del medicamento perdido, sienten sana envidia. Pero todo camino tiene su final. Llegados al departamento de farmacia entregamos la receta a una señora; otra empleada en ese departamento se acerca con la cajita de pastillas. Cuando ya creíamos que el final había llegado la señora que había recogido la receta guarda el medicamento en su mesa y nos entrega una nota informándonos que con ella debemos dirigirnos al departamento de gestión económica y que allí nos informarán del trámite a seguir. Nuestro gozo en un pozo y nuestro medicamento se vuelve a alejar. En el departamento de gestión económica, al final del pasillo (gracias a dios y al arquitecto), se nos entregan tres impresos con los cuales debemos dirigirnos a una entidad financiera y pagar el importe de nuestro ansiado y esquivo medicamento. Hecho el pago debemos regresar al departamento de farmacia, devolver uno de los impresos (el otro para el banco y el tercero para los sufridos buscadores de medicinas imposibles) y así poder recoger la cajita de las doce pastillas.

Así lo hicimos, salida del edificio, búsqueda por el barrio de la entidad financiera, pago, vuelta al centro de salud, entrega de impreso y recogida del medicamento. No pude evitar recordar a otras personas, muy mayores, que en la clínica oftalmológica esperaban en la misma situación que nosotros. ¿Cómo se las arreglarían para su particular búsqueda medicamentosa? Ah, un último detalle, por la caja de pastillas tuvimos que ingresar en el banco 1,27 euros.

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