La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

30 abril, 2014

Una llave con una cinta y un papelillo (y 2)

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 14:33

Finalizado el curso visité a Ramón y pude observar que había reordenado su territorio. Una vieja estantería había desaparecido y su lugar estaba ocupado por una de esas máquinas, de horrible sonido, dedicadas a hacer copias de llaves. Todo estaba cambiando. Las cerraduras también. Habían desaparecido las viejas, enormes, negruzcas e incómodas llaves de hierro. Las pequeñas llaves, brillantes, fáciles de llevar enganchadas en un mosquetón, que a su vez se enganchaba a la presilla del pantalón, se convirtieron en “una fuentecilla de ingresos”. Y en algo más.

Al principio la copia de llaves era un dinero extra que compensaba las pérdidas en su trabajo de siempre. Pero con el tiempo Ramón encontró en las nuevas llaves un interés que no había conocido nunca. Comenzó observando las múltiples formas que las llaves tenían, sus líneas quebradas, la profundidad de sus entrantes, las diferentes simetrías o disimetrías que en ellas había, etc. También pasaba ratos observando el tablero del que colgaban las piezas que le iban a servir para hacer las copias. Poco tiempo después comenzó a relacionar la estructura del entrante de la llave con las personas que le pedían las copias, su forma de hablar, el color del cabello, etc. siempre tenían alguna relación con el modelo de llave. Escribía los nombres de esas personas y la nomenclatura de las llaves en una relación que bien podría haber pasado por una lista en clave de algún servicio secreto de inteligencia estatal. Y, por último, empezó a hacer dobles copias. Sí. Siempre buscaba una excusa para no hacerlas en presencia del cliente, o si el cliente era uno de los hijos pequeños de alguien conocido se daba la suficiente maña para hacer casi al mismo tiempo una copia de la copia. Esas segundas llaves las guardaba en el bolsillo interior de su mandil hasta que, una vez que cerraba el pequeño local, eran llevadas al desván de la casa y escondidas en una gran arca que sus padres habían usado para conservar durante el verano, lejos del polvo y la suciedad, las ropas de abrigo de las camas. En aquel mueble había ahora una multitud de pequeñas llaves con los nombres de sus propietarios y las puertas o candados que abrían: Joselillo, el de la calle Nueva, candado del gallinero; Paqui, la de los Sinsombrero, verja del huerto; Manolín, el hijo de Ojohueco, herrería…

clip_image002

Hace ya unos años que Ramón cerró su local. Desde hace un tiempo una sobrina le ayuda en casa. Sus manos ya no conservaban la destreza de cuando usaba manoplas y daba puntadas. Sus dedos aún conservaban rastros de betún y de aquella grasa que él decía ser de oso. Estos días de Navidad he vuelto al pueblo y lo encontré sentado en un banco de la plaza. Charlamos un rato y me comentó que tenía un regalillo para mí. Antes del día de Reyes recibí una tarjeta navideña de felicitación. Era de Ramón. En el sobre venía también una llave con una cinta y un papelillo en el que pude leer: “Don Julián, el maestro escuela, cochera”. A los pocos días tuve que pedir permiso en el colegio para volver al pueblo. Un frío día de finales de enero enterramos a Ramón. En su nicho una multitud de llaves, con cintas y papelillos, brillaron al sol antes que el sepulturero acabase su trabajo.

**********************************

Este relato también se puede leer aquí.

Anuncios

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: