La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

22 abril, 2014

Ronda 3: Comercios y placeres sensitivos

Filed under: En otro lugar — Nicolás Doncel Villegas @ 14:52

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Tiene Ronda un pequeño comercio con una actividad sorprendente para estos tiempos de crisis económica. No se ven locales cerrados. La gente bulle de tienda en tienda. La fruta, los dulces, la carne… se expone atractivamente. No hay grandes supermercados en las afueras de la ciudad. Toda la vida gira alrededor de las ferreterías y las heladerías, de locales que lucen nombres modernos y otros que parecen sacados de fotografías en blanco y negro. Al caminante le llama la atención comercios que se llaman “El pensamiento” o “Las maravillas”. En el primero hay un escaparate con figuras de Forchino que entretienen a los viandantes durante un buen rato observando los detalles que en ellas aparecen. Dentro, una señora más que sexagenaria atiende tras un mostrador de madera. Y junto a la actividad irrefrenable del pequeño comercio observo también con agrado la limpieza de las calles. Un solitario excremento de perro en los cuatro días en los que he paseado por esas rúas, turísticas unas, comerciales y agradablemente pueblerinas otras.

clip_image004El camino junto al tajo que abre el río Guadalevín, por la parte trasera de la Real Maestranza y del parador nacional, es una delicia en estas tardes de primavera rondeña. Se atraviesa el Puente Nuevo y continúa el caminante asomándose al vértigo de la caída libre por el barrio más histórico. Visitamos el Palacio Mondragón, en el que una secuencia de salas nos lleva desde la Prehistoria hasta la dominación árabe de la ciudad y aledaños. Pienso que mis alumnos disfrutarían y aprenderían Historia viendo lo expuesto en estas salas palaciegas. La callejuela por la que abandonamos el palacio acaba en la Plaza de la Duquesa de Parcent. Esta plaza arbolada es un deleite para la vista. El convento de la Caridad, otro de la orden de Santa Clara, el edificio del Ayuntamiento y la Colegiata de Santa María la Mayor encuadran un conjunto en el que el viajero goza del olor de la floresta central. Visitamos la Colegiata, con dos imponentes columnas que abren paso al altar. En uno de los lados varias personas se encargan de preparar los pasos que procesionarán el día siguiente. Tras abandonar Santa María la Mayor entramos en la iglesia del convento de La Caridad (aquí sin pagar). Dos monjas arrodilladas escuchan a varias de sus hermanas cantar, no, mejor recitar, unas letanías con esa voz que tan solo las monjas poseen. Las recitadoras aunque no son de clausura parecen guardar su intimidad tras una de las capillas laterales del templo. El viajero se sienta en un banco para que también el oído goce de ese momento que uno llama “reliveral” (adivinen el por qué) y acompañe así a los otros sentidos en su viaje de placer sensitivo.

Abandonamos la hermosa plaza rondeña bajando por el Callejón de los Tramposos, que no anda lejos del Museo del Bandolero. A las mientes del viajero se asoman, sin saber por qué, políticos y banqueros.

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