La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

22 febrero, 2014

La noche del oráculo–Paul Auster

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 10:37

clip_image001Otra novela de Auster, otra novela sobre un escritor, otra novela de Nueva York…Otra novela, como otra película de Woody Allen, a la que uno vuelve sabiendo de antemano lo que puede encontrar, como un seguro de vida que te cubre las espaldas ante lo imprevisto. El lector austeriano, como el cinéfilo alleniano, es un ser fiel a las sustancias nutritivas con las que alimenta su alma.

En “La noche del oráculo” estamos leyendo las andanzas vitales de un escritor, Sidney Orr, recién salido de un grave problema de salud, tan grave que ha estado entre la vida y la muerte, y al que un enigmático cuaderno azul, made in Portugal (para los que creían que en el vecino país solo fabricaban toallas…), le despierta la inquietud por volver a su oficio. Ese cuaderno azul, comprado en una papelería regentada por un chino (para los que creían que los chinos solo abrían bazares en los que vendían artículos de mala calidad made in China…) es el soporte sobre el que nuestro recién nacido escritor imagina, esboza y escribe una historia con la que piensa volver a ser lo que fue, además de ganar algún dinero que le saque de la quiebra económica que le ha supuesto su hospitalización (para los que se quejan de la sanidad púbica española…). Esa historia escrita en el cuaderno azul trata de un editor al que le entregan un libro titulado “La noche del oráculo”. Y ese editor vive un episodio basado en un principio (el cambio radical de vida) establecido en otro libro famoso, por la película que sobre él se hizo: ”El halcón maltés”. Es por eso que cuando el protagonista del libro que estamos leyendo, Sidney Orr, habla del personaje que él ha imaginado como alguien que está viviendo en una narración dentro de otra narración uno se imagina esa misma expresión como lector pero por triplicado. Esta aparente confusión, que puede parecer un galimatías libresco similar a las matrioskas o muñecas rusas, no lo es en absoluto y el lector siempre se encuentra bien situado para no confundirse entre ambos relatos. Lo sorprendente en mi caso es que la historia inventada por el protagonista, por ese escritor con nombre de ciudad australiana, y escrita en el famoso cuaderno azul, llegó a interesarme más que la que Auster me estaba contando sobre el susodicho Sidney, su esposa, su amigo, el chino de la papelería… Hubo un momento que esperaba con ansiedad que Paul Auster pusiese a escribir a Sidney Orr y se olvidase de la vida de éste.

Pero claro, el autor es el padre de la criatura y llegado un momento de la novela que uno lee, y de la otra que escribe el protagonista, momento que no desvelaré, todo cambiará y el protagonismo de la acción dejará de ser la de ese personaje imaginado por Orr para pasar a ser él mismo, las imaginaciones y realidades en su vida matrimonial, la relación con su amigo enfermo y escritor famoso (también), con el hijo de éste, con el chino de la papelería. A partir de ahí se suceden los giros imprevistos, revelaciones inesperadas y una trama que te hace olvidar aquellas narraciones dentro de la narración, para centrar tu interés solo en los acontecimientos que le suceden al protagonista hasta que llegue el final imprevisto.

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