La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

20 diciembre, 2013

En el segundo cajón del escritorio

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 16:44

 

Antoniomm:

Regalos de escritorio

María Regla Pérez, que suele fijarse mucho, me pregunta por los dos boxeadores de porcelana que tengo encima de mi mesa, uno rubio y otro moreno. Son un regalo de Miguel, que comparte con su madre y conmigo la afición por las cosas peregrinas que se pueden encontrar en los mercadillos y en los anticuarios de medio pelo. Al fijarme en ellos caigo en la cuenta de que estoy rodeado de regalos y caprichos…

escritorio

Nicolás:

Nos hace Antoniomm una detallada relación de los objetos que hay sobre su mesa. Una lista de los cachivaches (sí, ya sé que no es el mejor de los sinónimos pero es la manera a la que suelo llamar a esos objetos que te traen/es de aquí y de allá) y de los lugares de los que provienen, y de las personas a las que están ligados.

¿Hemos satisfecho con ello nuestra curiosidad mitómana? No, amigos. No. Lo realmente interesante de esa mesa no es lo que se ve sino lo que oculta. Porque no es una mesa, es un escritorio (ya lo dice el título). Y todo escritorio que se precie debe tener cajones. Y es ahí donde a mi me gustaría llegar, al interior de esos cajones que guardan lo más preciado. Sobre todo al segundo de ellos (si es que el escritorio tiene tres) pues siempre abrimos el primero o el último. En ese segundo cajón, cerrado con llave, es donde reservamos de las miradas inoportunas y del insaciable deseo de saber de los demás lo más preciado, aquello que solo pertenece al dueño del escritorio. Allí, en ese cajón, estarán las cartas de la amante Judith Biely o la pistola que nunca se sabe si tendremos que utilizar. Allí estarán las fotos que nos hicimos en aquella noche en la que la locura del sexo se impuso a la racionalidad y a la decencia. En ese segundo cajón, cerrado con llave, está nuestro otro yo.
Cojamos la llave, abramos ese segundo cajón y mostremos …

*****************************

El escritorio tradicional, y no me estoy refiriendo a un mueble de madera noble trabajado por un ebanista del siglo XIX sino a cualquier mesa de trabajo “intelectual”, con sus objetos cargados de simbología, con sus trocitos de materia inerte, las fotos de cuando éramos más jóvenes, con abalorios, cachivaches y cacharritos multicolores esparcidos por esquinas y cajones, ha sido sustituido por el escritorio informático. En esa pantalla que se nos abre, como se enciende una luz en las tinieblas, en esa pantalla colocamos también nuestros deseos viajeros en forma de fondos de pantalla paradisiacos, las fotos de los que tenemos lejos y con los cuales hablaremos tecleando uno de esos iconocachivaches que nos abren las puertas y nos acortan las distancias… Cuando alguien enciende un ordenador personal uno puede atisbar qué clase de persona es mirando ese escritorio sin patas ni cajones, pero que también recoge lo más personal de su dueño.

Blog de Antonio Muñoz Molina – 11 de diciembre de 2013

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