La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

12 diciembre, 2013

Aquellos diciembres de olivar y humo

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 15:45

Antoniomm:

Olor a diciembre

¿De dónde viene este olor a humo de leña disuelto en el aire frío del final de la tarde, cuando ya no hay sol pero aún es de día? Es un olor que no parece de ahora, un olor antiguo a inviernos sin calefacción, a esa hora a la que la gente volvía de la aceituna, entrando en la ciudad por los caminos del campo en cuadrillas como de refugiados, con ropa de trabajo y de mucho abrigo, a veces con las botas y los bajos de los pantalones manchados del barro de los olivares.

clip_image001Nicolás:

Hace unos años, cuando iba camino de la escuela, todavía podían verse las cuadrillas de aceituneros que se agrupaban en alguna esquina (preferentemente si en ella había un bar). Con el paso del tiempo las cuadrillas han ido menguando, han desparecido los emigrantes y también muchas mujeres. Unos por la crisis económica y las otras porque el sistema de recolección ha cambiado. Si antes, tras el vareo del olivo, eran imprescindibles las manos de las mujeres arrodilladas sobre el frío y la aspereza del terreno para recoger las aceitunas que escapaban de los lienzos colocados bajos los olivos, ahora han sido sustituidas por la mecanización. Llamó mi atención hace un par de años observar como en una de esas cuadrillas los hombres seguían subiendo a los coches para marchar al tajo mientras que, en lugar de mujeres, los coches eran seguidos por tractores equipados con enormes brazos articulados para mover el árbol, lonas que se abren y cierran automáticamente, etc. Trabajos especializados en el manejo de la maquinaria agrícola que ha acabado con miles de jornales y con unas costumbres que solo permanecen en los recuerdos de aquellos que siendo niños teníamos miedo que llegaran las vacaciones de navidad porque ello suponía enfrentarse a la “intemperie” del invierno en los olivares.

******************************

El humo de diciembre, el que exhalan las chimeneas de las casas en las que se sobrevive con el paro agrícola y los pocos jornales de la campaña de la aceituna, huele a pobreza. Huele a hipoteca, a esperanzas que se frustraron, a sueños truncados. No es humo de fuego alimentado con maderas de oriente, ni maderas nobles, es humo de fuego que arde con palos recogidos en las carpinterías que han podido seguir trabajando aunque fuese pagando sueldos de miseria y bordeando la legalidad fiscal.

clip_image002Ese humo desapareció en los años de bonanza, no se veía asomar sobre los tejados al atardecer. Su visión fue sustituida por el sonido de los aparatos de aire acondicionado con bomba de calor, esa especie de oxímoron que se bambolea entre el aire frío y el caliente y que se hicieron tan habituales en las fachadas de las casas como las macetas en los balcones.

Ahora ha vuelto, se le ve escapar a borbotones grises y se adueña del aire que respiramos. Ese humo ha vuelto a convertirse en enemigo de las ropas tendidas en las azoteas porque cuando acaba el día huelen a aquellas jornadas de matanza del cerdo en las que el fuego permanecía vivo durante varios días y las ropas y los cuerpos, sobre todo los cabellos, se impregnaban de aquel olor de fogata.

Blog de Antonio Muñoz Molina – 3 de diciembre de 2013

Anuncios

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: