La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

20 noviembre, 2013

Dosificando el escepticismo

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 21:01

Antoniomm:

Elogio del escepticismo

Sentí mucho no estar en Madrid para asistir a la conferencia que dio Alfred Brendel en el Auditorio Nacional. De  Brendel se disfruta casi tanto escuchándolo hablar o leyendo sus artículos o poemas como cuando toca, o tocaba, a sus compositores favoritos, Haydn, Mozart, Beethoven. He tenido la suerte de estar con él un par de veces, charlando y tomando algo después de un concierto, y lo he escuchado contar historias con su mezcla rara de acento británico y centroeuropeo y hablar con conocimiento de causa de las películas de Buñuel y de los vinos españoles. En El País le hizo Daniel Verdú una buena entrevista, mientras viajaba con él en el AVE de Barcelona a Madrid. Me gustó sobre todo su elogio del escepticismo, y las razones vitales poderosas que le habían enseñado esa actitud:

“He pasado mi juventud hasta los 14 durante los años de guerra. He visto el fascismo en Yugoslavia, los discursos de Goebbels y Hitler en la radio… vi la influencia que tenía la propaganda sobre la sangre y el territorio. Estoy curado para el resto de mi vida de eso: del fanatismo. Soy muy escéptico acerca de las creencias de cualquier tipo. Ni el chovinismo, ni el nacionalismo, ni el patriotismo son para mí. No necesito estar arraigado. Me siento en casa cuando tengo mis libros y mi música. Grandes museos, buena literatura.”

clip_image001Nicolás:

Siempre me había costado entender que se pudiese hablar bien del escepticismo, hacer un elogio de él. Si lo reducimos a ciertos aspectos de la vida, bien podría ser. Por ejemplo: ser escéptico con las creencias de cualquier tipo, como dice Brendel, me parece elogiable. A ese escepticismo también me apunto. Pero alabar esa constante desconfianza de la verdad me parecía extraña porque siempre se me aparecía unido a un sentimiento de tristeza. Y conforme pasan los años el escepticismo se me pega más a la piel y, por lo tanto, la desconfianza sobre las grandes verdades (y algunas de las pequeñas también) va en aumento. Y eso me apena porque pienso que acabaré mis días dudando de todo.

En esos pensamientos andaba cuando escuché hace unos días (creo que fue en el programa de RNE de hace un par de domingos, el de Pepa Fernández, “No es un día cualquiera”) a un señor que no conocía, el filósofo Javier Gomá. Me gustó lo que comentaba en la entrevista y he leído algunas cosas de él durante estos días. Y una de ellas me ha venido muy bien para contrarrestar esta tendencia al escepticismo generalizado en el que voy cayendo día a día. Dice Gomá: “creo que un ateo, o un agnóstico, o un escéptico, pueden practicar admirablemente la ejemplaridad de la felicidad, que consiste en una administración prudente y sabia de las expectativas en este mundo.”

Y en eso ando, administrando lo más sabia y prudentemente que puedo las expectativas de esta vida, dosificando el escepticismo.

Blog de Antonio Muñoz Molina – 15 de noviembre de 2013

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