La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

13 noviembre, 2013

Un girasol buscando el invierno

Filed under: Media cosecha — Nicolás Doncel Villegas @ 15:58

clip_image002Este mes de noviembre es mes de siembra. Ya lo hemos hecho en una de las parcelas. Las otras tendrán que esperar pues la poca agua que ha caído en este otoño ha hecho que nazca la hierba y renazca el girasol que quedó en la tierra tras la recolección del pasado verano. Habrá que cohechar, otra vez, antes de sembrar. La meteorología manda, como siempre, en esto de las tareas agrícolas. Si el otoño pasado fue asombrosamente abundante en lluvias, en éste ocurre lo contrario. Las temperaturas son primaverales y eso hace que uno pueda ver imágenes como las de la foto. Un girasol que parece haberse equivocado de solsticio, un girasol que se empeña en buscarse la vida como si el que estuviese por llegar fuese el solsticio de verano y no el del invierno. A contratiempo sobrevive cercano a la cuneta de la carretera mientras sus hermanos renacidos fueron enterrados en los surcos perfectamente delimitados por el arado. Es como un rebelde sin causa, un obstinado que trata de escapar de la rigidez normativa que la naturaleza, y su aliada la climatología, imponen a los seres vivos incapaces de trasladarse en busca de lugares que acojan su caminar a contracorriente.

Da gusto, aunque se anhele ya la tan necesaria lluvia, pasear por el campo estos días de un otoño casi primaveral. Hay tractores arando, trazando surcos como los de la fotografía, besanas casi interminables que esperan el grano. Otros se adentran entre las calles de olivos sulfatando de cobre las aceitunas que esperan el agua que las engorde en carne y rendimientos de grasa. Hay gentes que desbrozan matorrales resecos y los apiñan para que el fuego los convierta en cenizas y humo. Espantados por el crepitar de las llamaradas una bandada de gorriones busca refugio en una higuera cercana. La columna de humo provocada por la fogata se eleva altiva hacia un cielo tan azul que deslumbra como lo hacen las antiguas fachadas encaladas en primavera. Camino cerca de una de esas columnas de humo y la sombra que proyecta sobre la carretera hace que mi propia sombra de caminante se mezcle y difumine en una especie de tenebrismo de asfalto. Lo natural y lo humanizado parecen haber encontrado hoy un perfecto equilibrio. Tan solo echo en falta lo que decía Josep Pla en “La huida del tiempo”: “En otoño llueve monótona, estáticamente. Es una lluvia instalada sobre la tierra que parece caer a horas fijas.” Ojalá llegué pronto.

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