La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

21 octubre, 2013

Otro que abre la boca…y hace que me sienta español

Filed under: Diálogos de blog en blog. — Nicolás Doncel Villegas @ 22:15

Antoniomm:

A mí siempre me admiran estos que dicen de sí mismos que son provocadores, y en muchos casos viven regaladamente del dinero de todos y reciben palmadas oficiales, y pareciendo tan irreverentes saben siempre muy bien a quién provocan, y acaban estupendamente colocados, en plazas especialmente habilitadas de provocación. Es una tradición ya muy establecida: una parte del arte moderno, del bueno y del malo, consiste en presuntas provocaciones contratadas de inmediato para bienales públicas y pabellones oficiales, costeadas con subsidios que a lo mejor se escatiman a las escuelas o a las bibliotecas.

Y ahora propongo un pequeño experimento mental. Imaginemos que un cantante catalán no afiliado al independentismo va a actuar en un teatro municipal en Cataluña. Imaginemos que dicho cantante asegura en público que le da asco ser catalán, con la tranquilidad laboral de que ese desplante le asegurará contratos en sitios afines, en los que se verá como un mérito su anticatalanismo agresivo, portadas en La Razón y entrevistas en Intereconomía. Imaginemos qué posibilidades hay de que el teatro no rescinda su contrato. Imaginemos cuántos defensores de la libertad de expresión de Albert Pla lo serán también de la libertad de expresión de este cantante hipotético.

Qué aburrimiento.

clip_image002Nicolás:

No hace mucho se hablaba aquí de los “contrarians”, esos artistas que toman caminos diferentes a los demás, pero lo hacen sin aspavientos, sin tener como objetivo llamar la atención del resto del mundo. Ese resto del mundo les otorga por sus obras la categoría de singular.

El siguiente escalón bien podría ser el artista provocador, el que basándose en sus obras trata de romper la uniformidad de aquello que los demás crean y lo acompaña con declaraciones y actuaciones “profesionales” para llamar la atención y que los demás piensen si merece ser considerado un artista único.

Y el escalón más bajo sería el de estos artistas, a los que yo no calificaría como “contrarians”, ni provocadores (tampoco agitadores), sino de… ¿bocazas, “boutadistas”, sueltasoplapoll…? Dentro de este grupo cada cual tendrá sus adeptos, según la declaración que salga por su boca y el país o la bandera a la que ataque. Y todos ellos tienen pocos seguidores de su obra artística porque, generalmente, ésta suele tener menos calidad aún que las opiniones que manifiestan. Pero tras cada “original” expresión de sus sentimientos orgánicos (que van desde el asco y el vómito hasta el cagarse –con perdón- en la p… España rubianesca) sus seguidores aumentan. Y sus detractores también. Las opiniones de estos personajes, opiniones que, lógicamente, poco o nada tienen que ver con su quehacer como artista, opiniones que sobre lo humano o lo divino sueltan al viento, como cualquier ciudadano suelta las suyas sobre el humillo del café matutino que se toma en el bar de la esquina, nos desquician, entretienen, aburren, entristecen… Para mí lo ideal es que no tuviesen altavoces que las propagasen. ¿Por qué? Pues porque pienso que ni ellos ni sus opiniones tienen entidad suficiente para dedicarles el tiempo que les dedicamos.

                                                                               ********************************

Y claro, cuando uno de estos artistas suelta uno de esos pensamientos el que escribe se acuerda que uno es de Aquí, de esa España a la que tanto odian y tanto asco les da. Y uno, que se siente español del montón, de los que no se adornan con alharacas, banderas ni fanfarrias piensa que más vale que esos artistas se dedicasen a su oficio y no a soltar burradas. Y lo dice quien hay días que intenta sentirse neozelandés, por aquello de que me hubiese gustado ser apertura de los All Blacks, pero que no llega a alcanzar la plena identificación.

Aunque comprendo a todos aquellos que no se sienten españoles. Si un señor tan decimonónico y tan español como don Antonio Cánovas del Castillo ya soltó aquello de que “es español el que no puede ser otra cosa”, hay que ser comprensivos con quienes no se sienten de Aquí. Tan comprensivos como deberíamos serlo con los que dicen sentirse, también, de Aquí.

Lo que ya no comprendo tan bien es la cantinela esa de “estoy cansado de ser…”. Estoy cansado de ser español, estoy cansado de ser católico, estoy cansado de ser culé… Oiga, pues para casi todos esos cansancios existen remedios. Aplíquese alguno y no nos canse a los demás.

“Estoy cansado de estar vivo,
aunque más cansado sería el estar muerto.”

Luis Cernuda

Blog de Antonio Muñoz Molina – 18 de octubre de 2013

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