La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

18 octubre, 2013

Brotar en una acera

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 16:04

Camino con la cabeza agachada, castigando las cervicales, pero es inevitable. Los dueños de los perros, generalizando, de este pueblo donde resido no deben saber conjugar el verbo “recoger” para usarlo en una oración en la que también aparezcan los sustantivos “excrementos” y “perro”. Les regalo el articulo determinado “los” y el contracto “del” y ya pueden organizar esa oración rebosante de higiene y urbanidad. Es de obligado cumplimiento, pues, caminar con la vista en el suelo o alargar la visión de cuando en cuando para otear el horizonte de la acera y salvar así el riesgo de la temida pisada excremental.

clip_image002En una de esas oteadas visionarias observo lo que la fotografía adjunta confirma. Al borde de la acera una plantita descuella con timidez y valentía, a partes iguales, emergiendo casi de la nada. De la nada natural que debería ser su hábitat. En cambio lo hace, se atreve a hacerlo, por el agujero que un tornillo desvencijado ha dejado como abertura salvavidas del vegetal. La placa metálica, hundida por un lado, levantada por otro, es soporte de una farola. Un soporte que ha servido de aliviadero a las incontinencias urinarias de más de un cánido, un cuadrado férreo removido en su consistencia por dios sabe qué fuerza. Y entre tantas adversidades emerge esa planta tan débil a la que se le puede augurar una corta vida. No soy entendido en botánica pero pienso que se trata de una adelfa, ese arbusto que se adapta a sobrevivir en lugares tan peligrosos como son las medianas que separan los carriles de direcciones contrarias en las autovías. Si sus hermanas mayores lo hacen, jugándose la vida entre automovilistas y monóxidos de carbono, y sobreviven… por qué no va a hacerlo ella. No sé. Pero me parece más peligroso tratar de sobrevivir en una acera, rodeada de elementos metálicos, niños camino del colegio, perros meones, señoras que barren sus aceras y arrojan sal sobre las hierbas que asoman entre las losetas… que hacerlo en la mediana de una autovía.

Y si es una adelfa quizás sería preferible que su vida fuese corta. ¿Por qué? Una adelfa tuvimos en el patio de casa. También había un laurel. Sus hojas eran similares. Siempre recuerdo como mi madre decía que la adelfa era venenosa. Me parecía una exageración. Cómo iba a ser venenosa un planta cuyas hojas eran tan parecidas a aquellas que se utilizaban en los guisos y que tan buen olor dejaban en las manos al cogerlas. Pero así era, así es.

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2 comentarios »

  1. .
    De niños, cortabamos hojas de adelfa por la mitad y nos pasabamos el borde, lleno de jugo, por la lengua. Aquel extraordinario amargor ya anunciaba la ponzoña, pero seguíamos chupeteando a ver quién aguantaba otra ración.
    A pesar de todo, esa adelfa marginal con la que te tropezaste, merece la vida.
    🙂

    Comentario por Sap — 21 octubre, 2013 @ 15:35 | Responder

  2. Ahora comprendo el origen de algunas de las historias que cuentas: restos de aquella toxicidad. 🙂

    Comentario por donceldevr — 21 octubre, 2013 @ 19:14 | Responder


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