La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

8 octubre, 2013

Juan José de Austria – José Calvo Poyato

Filed under: Libros — Nicolás Doncel Villegas @ 20:03

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Hacía tiempo que no leía una biografía. No soy muy aficionado a ellas. He terminado de leer ésta sobre el hijo bastardo de Felipe IV, fruto de su amor (por qué lo llamarán fruto y, sobre todo, por qué lo llamarán amor cuando en realidad… bueno, dejemos las divagaciones), consecuencia de sus relaciones sexuales (esto es consecuencia de la divagación anterior) con la actriz cómica María Calderón, “la Calderona”.

El libro me ha entretenido, me ha aportado bastante información, me ha hecho recordar otra que ya conocía cuando estudiaba o enseñaba, pero no me ha satisfecho como una biografía debe hacerlo, a mí pobre entender. La razón de esta insatisfacción viene dada porque le libro me ha parecido un buen estudio de esos cuarenta años que vive el personaje (1629-1679), pero falto de ese aspecto personal casi íntimo que toda biografía debe tener. Ese aspecto aparece por momentos pero no es la base fundamental del libro.

Calvo Poyato nos muestra la decadencia española que muchos se negaban a ver y encumbra sobre ella a su biografiado, como lo hicieron, según él, muchos hombres de su tiempo. Cuando los tercios eran derrotados, cuando se firmaban paces onerosas, todos creían que el salvador podría ser este don Juan (José) de Austria, sobre todo cuando se hacía una comparación con el otro famoso don Juan de Austria, bastardo del emperador Carlos, hermanastro de Felipe II y vencedor en Lepanto. Pero no. Ni don Juan José era don Juan ni la España de Carlos de Gante era la misma que la de mediados del siglo XVII.

El libro se centra en las actividades militares y políticas del personaje, fundamentalmente en las luchas que tiene que librar hasta llegar a ser valido de su hermanastro Carlos II. Las confrontaciones con la madre del rey, Mariana de Austria, con el jesuita y valido Nithard, con la nobleza que le cerraba el camino hacia su meta, sus etapas como jefe militar en Italia, Cataluña, Flandes y Portugal… son las historias que conforman la mayor parte del libro. Junto a ello numerosas citas textuales de la correspondencia que el bastardo mantiene con esa serie de personajes, las medidas que tomó durante el poco tiempo que estuvo como máxima autoridad gubernativa, dada la inutilidad de su hermanastro cuando éste fue nombrado rey con tan solo catorce años y toda su debilidad física, y una serie de descripciones de cómo era la vida en los reinos de España a mediados del siglo XVII. Y utilizar el término bastardo no es algo gratuito. Fue algo que persiguió a don Juan José durante su vida. Y no es de extrañar porque estamos hablando de una época y una sociedad nobiliaria en la que esa “tara” era imborrable.

Para terminar este comentario un detalle curioso que desconocía. En esa lucha que el personaje tiene por hacerse con el poder hay un momento en el que cabalga hacia Madrid con unos cientos de jinetes. Madrid, como villa y corte que era, no tenía guarniciones militares que la defendiesen porque se suponía que el pueblo, fiel súbdito de la monarquía se encargaría de rechazar cualquier acto violento contra su majestad (la que fuese y en el momento que fuese). Establecer fuerzas militares dentro de la ciudad en la que estaba el rey era una ofensa para ese pueblo. Pues bien, la regente y la nobleza, temerosos que el bastardo cabalgue con la idea de tomar el poder por la fuerza, deciden organizar unos destacamentos militares de caballería e infantería que fueron alojados en los pueblos cercanos y en la capital de la Monarquía. La reacción ante esa novedosa medida es contada como sigue por el autor: “El ayuntamiento adujo el derecho y el fuero de la villa para oponerse a una iniciativa como aquella, señalando incluso que el cabildo municipal madrileño se había opuesto en su día a la creación de una universidad por no tener que contar entre su vecindario a los escandalosos estudiantes, alegaron que si no habían admitido tal tipo de institución por causa de los alborotos estudiantiles cuanto menos aceptarían una tropa de dos mil hombres, que daría lugar a todo tipo de problemas y enfrentamientos con el vecindario. Por todas partes surgieron papeles, pliegos de cordel y folletos criticando y rechazando la iniciativa… Todo fue inútil.”

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