La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

17 septiembre, 2013

Dos anillos de Benvenuto Cellini

Filed under: De libros — Nicolás Doncel Villegas @ 15:50

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Otra liaison entre lecturas diferentes. En este caso quien llama mi atención es un personaje al que conocía casi de oídas, un hombre del Renacimiento italiano: Benvenuto Cellini. Escribo aquí sobre este artista renacentista porque me ha aparecido en dos libros de lectura veraniega, pero dos libros, dos novelas, de estilo y temática totalmente dispares: “Bomarzo”, de Manuel Mujica Lainez, y “Los invitados de la princesa”, de Fernando Savater.

Que Cellini apareciese en “Bomarzo” era casi obligatorio porque allí aparece todo aquel que es alguien en el Renacimiento italiano. Es más, dentro de la vida que relata el libro, la del giboso duque de Orsini, el orfebre tiene un papel considerable en importancia. Así cuenta Mujica Lainez el encuentro entre ambos personajes: “Me llamaron, agitando los brazos, y me aproximé. —¿ Por qué no bajas del caballo? —inquirió el hombre. Yo, que temía que extremara la familiaridad y que acaso abusara de mi indefensa endeblez, mofándose con su compañero de mi giba, opté por decirle quién era, esperando que mi nombre, que resonaba con eco tan señorial en toda Italia, ganaría más prestigio aún en ese sitio, que como la zona adyacente, por muchas leguas pertenecía a los Orsini, y que desecharía cualquier idea ingrata. Pero el hombre no se inmutó: —Si tú eres Orsini —me respondió con altivez— yo soy Cellini, Benvenuto Cellini, orfebre, y con estas manos puedo fabricar en una hora tales maravillas que, así fueras el emperador de Alemania, me tratarías con deferencia y me encargarías que te hiciera una corona, seguro de que no lucirías nada igual.

A partir de ese encuentro el orfebre se convertirá en alguien a quien Vicino Orsini llamará “mi amigo Benvenuto Cellini”. Y, créanme, en la extensa lista de personajes que algo tuvieron que ver con el duque de Bomarzo, pocos, muy pocos, adquirieron para él la categoría de amigos. Pero no es el personaje lo que me interesa en este caso sino la joya que el moldeador de metales regala al noble renacentista: un anillo de acero puro, incrustado en oro. Ese anillo pasará a ser para Orsini el amuleto de su felicidad, el talismán que le salve de los peligros, etc. : “Lo deslicé en el índice izquierdo, como si hubiera recibido un regalo del Papa. Desde entonces, lo usé siempre.”, dice Vicino Orsini

Unas semanas más tarde, leyendo “Los invitados de la princesa”, casi al final del libro, uno de los personajes cuenta una historia disparatada: una mujer que trabaja en una empresa de seguridad personal es encargada de proteger a un cliente; ese cliente es un vampiro. Bien, ¿y qué tiene que ver con ello un orfebre del Renacimiento italiano?, se preguntarán ustedes. Pues el autor, mi admirado Savater, cuenta que después del perfecto trabajo que realiza la segurata, su cliente, el vampiro italiano, que había sido transformado en un ser inmortal y sanguinófilo en aquella época del Renacimiento, le regala a su protectora, no un amor eterno, como en aquella película titulada de “El Guardaespaldas”, sino un anillo, un anillo de amatista que “a mí me lo dio hace muchos años un amigo, Benenuto Cellini.”, le cuenta el vampiro. La mujer acepta el regalo, trata de ponérselo en el dedo anular pero no le encaja. Entonces se lo pone en el dedo meñique. El mismo dedo en el que lució el suyo el inmortal duque de Orsini.

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