La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

9 septiembre, 2013

El vacío de lo supremo

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 19:05

Antes de leer el siguiente relatillo debo poner en antecedentes al lector. Todo comienza cuando andaba blogueando en blog ajeno y uno de los coblogueros, Paco (gracias, colega, por “dar pie” a la historia), cuenta lo siguiente:

“Hoy me ha pasado un caso curioso…un señor con no muy mala pinta, me paró en la puerta de El Corte Inglés y me dijo que si le compraba un libro que tenía. El libro era, Yo el Supremo, de Roa Bastos. Me pedía por el libro 1 euro. El que solamente tuviera un libro me causó una extraña sensación. Aunque lo tenía lo compré ¡Qué iba hacer!”

Y, claro, uno, que andaba en ese momento reflexionando sobre la existencia de las musarañas, pone manos al teclado y a la imaginación y escribe lo que sigue:

clip_image002“… Dejé caer el libro en la bolsa de los grandes almacenes y pareció esconderse entre el vaquero y la camiseta que acababa de comprar, ese pantalón sobre el que no había tenido dudas y esa camiseta sobre la que seguía pensando iba a ser objeto de algún que otro comentario de mis paisanos cuando con ella puesta atravesase la plaza del pueblo.
Concluí las gestiones que me habían llevado a la capital y regresé a casa. Colgué la bolsa del triángulo verde en el respaldar de una silla del salón pues tenía que acudir a una cita familiar que había surgido de manera imprevista. Ya de noche, de vuelta en casa, recordé mi compra matinal. Abrí la bolsa y metí en ella la mano. Ésta, como si tuviese vida propia, pasó de tejidos y agarró papel.
Ahí estaba ese título que te hace subir la autoestima aun en las condiciones más adversas: “Yo el supremo”. ¡Qué redundancia de egos! Por un momento pensé dejarlo sobre la mesa pero mis manos parecían haber decidido definitivamente independizarse de mis deseos. Me vi hojeando sus páginas amarillentas. Observé los subrayados y algunas notas a pie de página. Reconocí esa caligrafía. Ahora eran mis pies los que decidían por mí. Me llevaban a la sala donde suelo leer y en la que están la mayoría de los libros que forman parte de mi vida. Mientras iba subiendo la escalera hacía memoria sobre la balda en la que guardaba aquel “Yo el supremo” que había comprado hacía más de treinta años. Llegué a la habitación, encendí la luz y la mirada se clavó en el espacio sobre el que recordaba debía estar mi viejo libro. En aquel hueco, en aquel espacio vacío, dejé la compra que había hecho esa misma mañana en la puerta de El Corte Inglés.”

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