La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

3 septiembre, 2013

La ira

Filed under: Relatos — Nicolás Doncel Villegas @ 8:17

clip_image0011. Tras disfrutar con la gula, la lujuria, la pereza, la soberbia y la avaricia, un día sintió envidia de sí mismo y se volvió un ser iracundo.

2. Le cambió la cara al ver a su marido con la amante. El rictus le desapareció tras hablar con el asesino a sueldo y el cirujano plástico.

3. Lo detuvieron tras matar a su iracundo vecino.

– ¿Por qué lo hizo? –preguntó el comisario.

– Mi perro le mordió y días después moría de rabia.

4. Cogió la soga del cobertizo y notó un gran alivio. La ira que sentía consigo mismo iba a desaparecer en cuanto pasase la soga por la viga.

5. El primer día de colegio aquel niño pelirrojo pinchó con el lápiz al pequeño Job. Job perdió la paciencia pero encontró la ira.

6. Para controlar su ira márchese al campo y grite, le aconsejó el psicólogo. Lo hizo. El pastor que dormitaba se despertó, cogió la honda y…

7. – Cariño, ¿estás enfadado?

– No.

– ¿Enojado, irritado…?

– No.

Se contuvo, pero por la boca le asomaba una espumilla blanca, como de perro rabioso.

8. Siempre controló la ira. Pero cuando su viuda se acercó al ataúd abierto y le susurró: “¡jóoodete!”, no pudo evitar agarrarla del cuello.

9. “Debes ahogar tu ira”. “No dejes que el vaso rebose”. Eran los consejos de su psicólogo. Los siguió y acabó siendo un pacífico alcohólico.

10. El juez no pudo contener su ira cuando el acusado apareció en la sala con uno de esos mazos infantiles de plástico colorista y molesto ruido.

11. Aquel tipo controlaba su ira golpeando el saco de boxeo. Pero era una mala persona. En casa hacía lo mismo con su esposa.

12. Cuando despertó su ira había desaparecido pero en el lado izquierdo de la cama encontró el cadáver de aquella desconocida.

13. Aquella Nochevieja ella se equivocó y le puso trece en lugar de doce. Él se enfadó y la golpeó. En la 2 de TVE ponían Las uvas de la ira.

14. El hábito sobe el jergón del catre y el cilicio sobre el suelo de adobe. La espalda ensangrentada y el deseo y la ira sofocados.

15. Cuando mamá, asomada a la ventana para ver llegar a papá, decía: “esta noche es Hulk”, corríamos a refugiarnos en nuestras habitaciones.

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