La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

1 septiembre, 2013

Encuentro en Messina (Orsini y…)

Filed under: De libros — Nicolás Doncel Villegas @ 9:23

Cuando estoy leyendo una novela me gusta que aparezcan algunas relaciones entre los personajes y algún cuadro famoso, o entre el protagonista y algún personaje conocido. En las novelas históricas eso suele ser habitual pero no por ello deja de tener interés, al menos para mí. Sobre todo cuando esa relación se plantea con un punto de misterio para que el lector trate de adivinar de qué o quién se trata.

En “Bomarzo”, de Manuel Mujica Lainez, hay un capítulo cuyo título ya pone las orejas tiesas al lector interesado en esas relaciones o encuentros casuales. Se llama “Mi Lepanto”. Cuenta la aventura vivida por el protagonista del libro, el duque Pier Francesco Orsini, en aquella legendaria batalla. Y, claro, uno es sabedor que por allí anduvo un famoso ingenio de las letras y espera verlo aparecer junto al príncipe renacentista. Pues bien, el autor cuenta como, estando la flota que iba a luchar contra los otomanos preparándose en Messina (Sicilia), el duque de Bomarzo se ve envuelto en una refriega nocturna de espadachines en las calles de esa ciudad, resulta herido y pierde el sentido. Cuando vuelve en sí se encuentra en sus dependencias, y alguien le cuenta que fue trasladado hasta allí por un joven, que aparece entonces entre la penumbra del habitáculo, y que es presentado al duque como un español, paje del cardenal Aquaviva, autor de una elegía a Isabel de Valois (tercera esposa del rey español), y que ahora es un hombre de armas en la compañía del capitán Diego de Urbina con el cual viajaba en la nave llamada “La Marquesa” para luchar contra el infiel.

clip_image001Llegados a ese punto el lector exclama para sus adentros: “es él, tenía que aparecer y ya está aquí. A ver qué ocurre…”.

El autor de “Bomarzo” sigue escribiendo del desconocido salvador del duque Orsini, de como el noble recompensa con un libro a su salvador, y como éste le regala a su vez al duque otro que son las Obras de Garcilaso, “poeta y guerrero, como Su Excelencia”. Curioso intercambio de regalos entre gente de armas cuando el personal se está preparando para entrar en batalla. Hablan el príncipe renacentista y el joven soldado español, quedan en volver a hablar, pero la flota parte al siguiente día hacia Lepanto y tal encuentro no volverá a repetirse. Durante el viaje el duque lee los poemas de Garcilaso en el libro que le ha regalado el desconocido, del que ni siquiera sabe el nombre. Es entonces cuando Manuel Mujica Lainez hace que el protagonista descubra quién es aquél que en brazos lo llevó, desvanecido, desde el tumulto callejero hasta la paz de sus aposentos: “Sólo entonces noté en la segunda página del ejemplar, la firma de quien me lo diera. Estaba trazada en dos líneas unidas por el diseño de la rúbrica, y en ellas se apretaba un nombre que jamás había oído de labio alguno: Miguel de Cervantes Saavedra. ¡Ay, si yo hubiera sabido, si hubiera adivinado!”.

Al lector solo le queda asentir con la cabeza.

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