La Girola (Blog de Nicolás Doncel Villegas)

26 agosto, 2013

Aguas de un río imaginado (1)

Filed under: Por el pueblo — Nicolás Doncel Villegas @ 8:38

clip_image002Desde este invierno vengo observándolo. Baja por el lado izquierdo de un camino entre olivos y desemboca en la cuneta de la carreterilla por la que suelo salir a andar. Un regato pequeño, ni siquiera un arroyuelo, de aguas claras y saltarinas, que me acompaña desde hace varios meses. Pensé que llegado el verano se secaría, como es normal que ocurra por aquí. Pero no fue así. Durante el mes de junio el agua seguía corriendo. Pensé entonces que, al haber sido muy lluviosos el otoño y el invierno, el agua bajaría de un venero bien abastecido pero que no podría aguantar el mes de julio. Durante ese mes estuve fuera. Al volver en agosto, aunque con menos caudal, el arroyuelo sigue ahí. No hay venero capaz de manar en estos secarrales y tórridos días. Así que ahora pienso que debe ser alguna pérdida del agua que riega olivos, girasoles y maizales. Debe ser parte de esa inmensa cantidad de agua desperdiciada. No lo sé. Ni me importa, porque lo que quería contar nada tiene que ver con la importancia del ahorro de agua, siendo este un problema más que importante.

Esa pequeña corriente continua de agua, que baja entre olivos hasta encauzarse en una cuneta reforzada por el hormigón, esa corriente continua de agua a la que no sé cómo llamar, ha sido para mí, durante muchos días, algo capaz de crear un mundo imaginario. Desde que camino junto a ese correr de agua lo he soñado como un río al que observo desde el cielo, que es mi altura, un río que discurre creando paisajes diversos, atravesando territorios tan diferentes como los que cualquier río de este planeta pueda atravesar.

Al principio su fluir es regular, constante, avanzando entre pequeñas hierbas secas que dejan ver sus aguas limpias, tan cristalinas que el caminante siente el deseo de descalzarse y enfriar sus pies en ellas. Pero si eso hiciese provocaría un desequilibrio en su fluir acuático, como si a un arroyo le taponase su corriente los grandes pies del gigante Morgante. De cuando en cuando, no muy a menudo afortunadamente, mi río se ve agredido por algún barco varado con forma de lata de cerveza o por alguna extraña nave construida en plástico y con trazas de haber sido botella de agua. Más adelante navego por uno de los trechos más impresionantes: los Acantilados de la Tierra Húmeda. Son estas unas formaciones terrosas que siguen manteniendo la humedad de cuando el caudal era mayor y bañaba la tierra que había llegado hasta el cauce desplomándose de los olivos contiguos. Ahora el pequeño río socava esa tierra y deja sobre él una especie de terrazas que lo sobrevuelan y que poco a poco pierden su base hasta desplomarse. Hasta ahí el río podría haber sido navegable. Ganas le dan al caminante de haber hecho navegar su particular barquito de papel sobre esas aguas tranquilas.

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2 comentarios »

  1. ¡Qué bien! Qué bien que tengas tu río y, sobre todo, que tengas tu imaginación. Me ha gustado mucho.

    Comentario por Ángela — 26 agosto, 2013 @ 13:21 | Responder

  2. Gracias, Ángela. De cuando en cuando hay que recurrir a la imaginación. Mañana “colgaré” el final de mi río imaginado.

    Comentario por donceldevr — 26 agosto, 2013 @ 14:58 | Responder


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